El pacto pasa a primer plano político

El dato más grueso del mapa político español actual es que para gobernar hay que pactar y no para presentar un acuerdo de andar por casa, sino algo de enjundia. Desde el PP apuntan a un pacto de legislatura, para cuatro años y dicen estar abiertos a todo tipo de propuestas. Mientras los demás grupos andan reconstruyendo la táctica para transitar por la legislatura con debates internos en todos los casos de incierto desenlace.

Ciudadanos y PSOE saben que tienen que rectificar su actuación anterior pero no han decidido las propuestas para la nueva fase. En cualquier caso tienen que pasar por una negociación con el PP ya que nada puede hacerse contra o sin Rajoy cuya posición en su partido está reforzada con el resultado del domingo. Ciudadanos espera que los socialistas muevan pieza, mientras que estos acampan en la negación a los populares y también a los de Podemos.

Los de Pablo Iglesias se peguntan que pasó para perder más de un millón de votos en pocos días. De momento apuntan a causas externas, el miedo, el Brexit, los medios adversos... o los adversarios internos, para unos las banderas rojas y para otros la blandura socialdemócrata. Para aclararse han decidido encargar una encuesta, recurso que permite ganar tiempo y dejar macerar las tensiones; pero antes o después tendrán que convocar a las bases y abrir las compuertas de las opiniones que siempre imponen decisiones costosas.

Para el PP la situación es de felicidad porque han obtenido mucho más de lo que esperaban y, sobre todo, sus adversarios están peor que antes. Pero la felicidad suele durar poco, en pocos días tienen que pasar al escenario con guión y propuestas suficientes para atraer socios hasta alcanzar una mayoría suficiente. Saben que tendrán que ceder bastante y asumir iniciativas que no comparten, aunque su posición es dominante.

No es menos compleja la situación para el PSOE que sigue inmerso en una crisis de liderazgo interno que tiene preferencia sobre todo lo demás. La táctica de Sánchez a lo largo de estos meses ha tenido como eje sustentar su liderazgo, por eso asumió la tarea imposible de lograr la investidura. La cosecha del domingo es deprimente, menos diputados, menos senadores y menos aliados, pero argumenta que ha evitado el sorpasso; un argumento tan poco consistente como cuando Rajoy sostiene que evitó el “rescate”. Son argumentos débiles propios de gente con pocas ideas, con proyectos a ras de suelo; gente de partido y aparato que quiere durar, aunque sin proyectos u objetivos trascendentes.

La comparación con los liderazgos de la transición, de aquel trienio crítico que trascurre de noviembre de 1975 (muerte de Franco) a la proclamación de la Constitución en diciembre de 1978, algo menos de mil días para un viaje de la ley (la de reforma política en diciembre de 1976) a la Constitución, con los Pactos de Moncloa mediantes.

Los problemas actuales son muy diferentes a los de entonces, también los personajes. Pero podía servirles la metodología, aunque probablemente no les interesa, están en otra dimensión.