Nadie ha perdido, nadie dimite

El señor Cameron anunció que deja el gobierno y el partido a las pocas horas de perder el referéndum; su adversario principal, el laborista señor Corbyn, se resiste a dimitir, pero le empujan sus colegas por falta de entusiasmo en ese referéndum que tantos quebraderos de cabeza produce en el Reino Unido y en Europa. Con el recuento de daños y sus consecuencias, incluso los que han ganado pueden perder lo que buscaban; ese es el caso del exalcalde Johnson que pretende el liderazgo del Partido Conservador que cada día tiene más lejos, se le ve demasiado desleal como para confiar en un tipo tan listo y brillante.

En España las “elecciones bis” han traído más corrimientos de tierras de los imaginados, entre otros el de las encuestas que no han dado ni una, no acertaron ni en los resultados, ni en las tendencias. Por ahora ningún responsable demoscópico ha anunciado que cambia de profesión o que renuncia a los honorarios. Parece que en las televisiones públicas, la FORTA y TVE, se están pensando no pagar la encuesta postelectoral por sus errores manifiestos. Desde las casas de encuestas aceptan los errores y señalan que la metodología es correcta pero que han fracasado en el análisis (eso que llaman cocina) al no detectar los movimientos de fondo, la reaparición de una dialéctica derecha/izquierda, que ha movilizado voto popular dormido y ha recuperado parte del que se fue a Ciudadanos. Tampoco detectaron que más de un millón de votantes de Podemos /IU se iban con la música a otro lado, fundamentalmente a su casa.

El Partido Popular y Rajoy se presentan ahora como triunfadores del 26J, por la recuperación de 14 escaños y 750.000 votos. El dato es incuestionable, pero la comparación correcta no es con los resultados de hace seis meses sino con los de 2011. Y respecto a esa fecha el PP ha perdido ¡tres millones de votos, once puntos y 49 escaños! Se cumple aquello de que en un país de ciegos el tuerto es el rey. Luce el resultado del PP por lo malo que es el de sus adversarios.

A los socialistas les pasa algo parecido: han perdido 1,5 millones de votos respecto al 2011 (que fue un resultado catastrófico) y 25 escaños, pero han salvado los muebles porque siguen siendo cabeza de la oposición. Se conforman con poco y dan la espalda a su propia crisis. Por ver está su capacidad estratégica para gestionar una posición clave a la hora de formar gobierno, pero si repiten el modelo aplicado estos últimos meses, pueden seguir desangrándose sin rumbo ni foco.

El caso de Podemos y sus confluencias es más complicado: son demasiado nuevos como alternativa aunque muy viejos en la política. Sus resultados son fabulosos, pero quedan muy lejos de las expectativas, han laminado Izquierda Unida para nada (a ver quién paga las deudas) y tienen montada una coalición múltiple con intereses no coincidentes y con modelos de organización que pueden ser contradictorios. Es probable que solo les una la expectativa de poder y que a falta de ese pegamento la coalición se vaya disolviendo y cada oveja se vaya con su pareja.

En resumen, no ha ganado nadie; todos tienen resultados complicados, alejados de las expectativas y con poco futuro; pero ninguno reconoce que ha fallado, todos están decididos a seguir y dar por bueno lo que hacen. Incluso Alberto Garzón dice que integrar IU en Podemos ha sido una buena idea. Aquí no fracasa nadie, no dimite nadie, todos quieren otra oportunidad y alguno sostiene que son los electores los que se equivocan.