La gestión del NO, las cartas boca arriba

Acertaron las encuestas de antesdeayer, pero no las de ayer. Salió NO y el señor Cameron se va a casa porque no puede gobernar, porque ha padecido el rigor del convocante de referéndum, que carga el diablo. Los británicos han dicho NO a Europa y a Cameron, dos por uno. Los conservadores tienen ahora que resolver el debate de sus almas, la del s XIX y la del XXI. Los laboristas no tienen papeleta menor, su nuevo jefe Jeremy Corbyn, no era europeísta y estos días pasados ha disimulado en su apoyo a la permanencia, para que sus electores no lo notaran y no pocos laboristas han votado salir porque creen que así defienden sus intereses.

En torno al NO se concentran muchos intereses contradictorios con un serio problema de gestión. Los conservadores del NO querían tumbar a Cameron y sustituirle. La primera fase está cumplida, la segunda ya veremos. Los del UKIP y Farage (que dicen ser gente decente, frente a los que no piensan como ellos ¿indecentes?) tratan de ganar espacio y protagonismo, y lo han conseguido, aunque ya han empezado a reconocer que mentían, que no todo era como decían, por ejemplo que eso de 350 millones de euros semanales que se quedarán en Gran Bretaña, no van a ser tantos.

Los escoceses refuerzan su voluntad de salir del Reino Unido y los irlandeses del norte calculan que les puede ir mejor con sus hermanos del sur. Y los galeses empiezan a pensar si están en la mejor posición con los ingleses.

De manera que la Gran Bretaña tiene un severo problemas de identidad, el mayor después de la pérdida del imperio que está en el fondo del problema. ¿Quién va a gestionar el NO en Gran Bretaña? Que vaya a ser Farage parece desmedido, los conservadores no están en condiciones y los laboristas tampoco. De manera que tendrán que entrar en complicada fase de recomposición profunda, que va a llevar tiempo y mucho desgaste, demasiadas contradicciones.

Al otro lado, en el europeo, las cosas son también complicadas. Llegan momentos decisivos donde hay que construir un proyecto con menos vacilaciones y más claridad. Sin Gran Bretaña Europa pierde mucho; el saber hacer, el parlamentarismo, la democracia madura inglesa, la capacidad de sus altos funcionarios, su ejército... Todo ello es decisivo en Europa, sin todo eso la Unión Europea va a menos, pierde, pero al mismo tiempo recupera iniciativa y tensión, tanta como para empezar a preparar el retorno británico desde una posición inicial que debería ser de firmeza.

La tentación de descafeinar el referéndum, de meterlo en una vía lenta y confusa es una de las hipótesis a estas horas. La otra es acelerar la salida y colocarse pronto en una Unión de velocidades claras, la del euro con más integración fiscal y política, y la de los demás países asociados con menos derechos y deberes.

Empezamos una nueva partida incierta, de riesgo, pero también de oportunidades, que precisa nuevos liderazgos y mucho pensamiento lateral y nuevo.