Ahora nadie habla de reforma electoral

El fin del bipartidismo sustituido por un multipartidismo a cuatro, ha resuelto el problema de la desproporcionalidad del sistema electoral español. Las primas que otorga el sistema actual a los grandes partidos nacionales se han neutralizado en cuanto las diferencias de votos se han acortado. Ese hecho y el que IU, el partido tradicionalmente perjudicado por la proporcionalidad corregida, se haya integrado en una candidatura más amplia ha disuelto un viejo problema que levantó mucho ruido las últimas décadas.

En algunos momentos se planteaba que mientras nos e corrigiera la desproporción la democracia estaría averiada; que esa reforma resolvía muchos problemas. Pues va a resultar que sin reformas de fondo, con el mismo sistema electoral, la proporcionalidad va a ser razonable, tal y como ocurre en las elecciones europeas con un distrito nacional único.

Otra cuestión es la de la igualdad de los votos, el peso del voto por distritos provinciales. Mientras que el pasado diciembre el último diputado por Madrid (el 13 del PP) necesitó 92.300 votos, el segundo de Soria (a favor del PSOE) se adjudicó con 12.300. Es el efecto de la distribución por circunscripciones provinciales, que significa que unas elecciones generales son el sumatorio de 52 elecciones provinciales, cada una con distinto reparto de escaños que prima a las provincias menos pobladas.

El problema radica en que el distrito provincial se establece en la propia Constitución, artículo 68.2. “La circunscripción electoral es la provincia... Ceuta y Melilla estarán representadas cada una de ellas por un diputado. La ley distribuirá el número total de diputados asignando una representación mínima inicial a cada circunscripción y distribuyendo los demás en proporción a la población”. Ese mismo artículo fija que el número de diputados será de 300 (mínimo) y 400 (máximo). Aumentar 50 diputados contribuiría a mejorar la proporcionalidad.

Resuelto el problema de Izquierda Unida las primas por mayoría se reducen sensiblemente, con el 28/30% de los votos el PP puede aspirar a no más del 35% de los escaños, que suponen una de las proporcionalidades más ajustadas de todos los sistemas electorales conocidos. La peor parte toca a Ciudadanos que con el 15% de los votos obtiene el 11,4% de los escaños. Las primas a los grandes partidos, incluido Unidos Podemos, sale de los votos que se llevan partidos que no alcanzan la cota mínima de representación. De manera que un “cuatripartito” con pocas diferencias (del 30% el que más al 15% el que menos) corrige la desproporción, aunque no resuelve todos los problemas.

La regeneración política pasa, más que por la reforma del sistema electoral, por una limitación del poder de los partidos, un poder “autoasignado” por malas prácticas, por abusos de ley aplicados a la designación de altos cargos, de jueces, de autoridades independientes, al proceso de elaboración de leyes y de control del ejecutivo. Enfocar correctamente los problemas es una condición necesaria para resolverlos.