Senado: el pragmatismo está del lado de Podemos

La aritmética electoral del Senado está a favor de las grandes coaliciones, del denostado bipartidismo. Cuando Iglesias propone a los socialistas sumar fuerzas y repartir la cosecha les ofrece un caramelo que no es inocente, pero que tiene atractivo. El caso valenciano, también el aragonés, es ilustrativos. En cada comunidad se asignan 12 senadores, y el reparto actual otorga 9 a los populares (tres por provincia) en cada comunidad y tres a los socialistas en Aragón o 2 en Valencia y uno a Podemos. Si la izquierda sumara votos el resultado sería sustancialmente distinto en cada comunidad, los populares quedarían en 3 frente a los 9 actuales por comunidad y socialistas y Podemos se repartirían nueve con el modelo que fueran capaces de consensuar.

A nivel nacional el resultado sería semejante los 124 senadores populares podrían quedar en la mitad y los 63 de las izquierdas superarían el centenar. El Senada no es una pieza relevante en la política general ya que se trata de una cámara de segunda lectura no decisiva, pero goza de algunas competencias específicas nada desdeñables.
La cuestión para esas izquierdas radica en la naturaleza del pacto. Socialistas y podemitas (prefiero ese nombre a podemitas que tiene connotaciones desagradables) no se gustan nada, compiten entre ellos, pero la necesidad puede conducir a cierta virtud, al menos, por el interés. El pacto que rechazó Pedro Sánchez sin pensar, sobre todo sin previo pensamiento, podría tener un alcance nada desdeñable. Así lo vio el dirigente socialista valenciano que se resiste al rechazo sin matices.

La cuestión radica en la naturaleza del pacto por el Senado. Los socialistas ya utilizaron la fórmula del interés en Cataluña, con unas candidaturas consensuadas alternativas y competitivas con la dominante del pujolismo. Puede ser un pacto sin más trascendencia que unir votos separando luego los grupos parlamentarios, lo cual requiere alguna interpretación del reglamento, pero tiene muchas posibilidades de dejar a los populares en minoría en el Senado, una nueva debilidad para la fuerza hegemónica de la derecha.

El sistema electoral mayoritario, que es el del senado, no es inocente, incentiva un modelo de partidos de amplio espectro para evitar que una minoría se quede con todo. El PP obtiene algo menos de un tercio de los votos del Senado que se convierten en casi dos tercios de los asientos en la cámara. No está claro que podemos hiciera un ofrecimiento sincero a los socialistas, de hecho en Aragón la negociación duró poco, pero el pragmatismo de la oferta es bastante obvio.