Solo pactan a palos o a la fuerza

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Una de las piedras angulares de la Transición fue la voluntad de consenso entre partidos y políticos que se disputaban el poder y que optaron por compartir y alternar antes que enrocarse y bloquear. Cuando renunciaron a ese procedimiento, caso de la UCD y sus barones, el niño se fue por el desagüe. Por el consenso salió adelante una Constitución que la izquierda y la derecha esgrimen como argumento de autoridad tironeando de ella a su propio interés. Por el consenso salieron adelante los Pactos de La Moncloa que evitaron el descarrilamiento del sistema que pudo haberse deslizado hacia un neoperonismo con una inflación galopante y una inestabilidad permanente. El consenso evitó esos riesgos, aunque los adanes que imaginan que el mundo empezó cuando llegaron ellos, lo han olvidado.

Pactar, consensuar requiere madurez, experiencia, habilidades... virtudes todas ellas que no son dominantes en el panorama actual, preñado de oportunistas, arribistas, presumidos e irresponsables. La XI legislatura, corta y fracasada, no aportó nada; solo fueron capaces de pactar la composición de la mesa porque era obligado. Ni un paso más, ni un activo adicional que ofrecer. El fallido pacto de gobierno entre socialistas-Sánchez y Ciudadanos-Rivera fue un pacto a la fuerza, la salida que daba a ambos visibilidad y alivio tras un resultado peor de lo esperado. Y el pacto de moda estos días, el de Podemos e Izquierda Unida es una cuerdo a palos, forzado por las penurias económicas de IU y la necesidad de los otros de ocupar el escenario y evitar el retroceso de la intención de voto.
La incapacidad e impericia para ajustar los gastos de la campaña electoral acredita que ninguno está dispuesto a ceder, ni siquiera en un juego de beneficio mutuo. Saben que el prestigio de la casta política está por los suelos pero no reaccionan, ni siquiera son capaces de renunciar todos a las banderolas en las calles y las vallas que a estas alturas no acreditan que otorguen votos. Lo mismo sirve para los mítines, abiertos o cerrados, que son muy costosos y que solo convencen a los que ya estaban convencidos.

Solo pactan a palos o a la fuerza, cuando las deudas aprietan o cuando sienten el aliento del retroceso y la derrota. Pactan para garantizar puestos de salida pero no para añadir valor a los ciudadanos. Por eso cabe esperar poco de esta ronda, lo que decidan los electores conformará un mapa y un reparto de poder que propiciará el resultado que venga forzado por la aritmética y no por negociaciones virtuosas para alcanzar objetivos razonables, propicios para un gobierno capaz de resolver los problemas.

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