¿Tanto se repelen PP y PSOE?

rajoy y sanchez

En el nuevo arreón de campaña electoral Pedro Sánchez empieza por reiterar que con el PP ni agua, que no conversación, ni coalición. También sabe que buena parte del partido sostiene lo mismo con respecto a podemos, con buenas razones, entre otras que son el adversario que ha mordido más espacio a los socialistas y que su objetivo medular es desplazar al PSOE como partido dominante de la izquierda. De manera que el partido que, en teoría, tiene más cintura para pactar a su derecha e izquierda, en realidad es una roca plana, sin imán para consolidar alianzas.

La repulsión de Sánchez por el PP es táctica, defensiva; teme que esa foto le acabe de enajenar los votantes que hacen al PSOE uno de los partidos centrales. Sin embargo socialistas y populares han pactado a lo largo de los últimos treinta años la mayor parte del entramado legal e institucional de la actual democracia, desde la Constitución hasta las últimas leyes. Es cierto que nunca han pactado gobierno de coalición ni en ayuntamientos ni en autonomías, salvo el paréntesis del gobierno vasco encabezado por Patxi López y formado solo por socialistas; los populares se limitaron a prestar sus votos para desalojar al PNV. Un viaje con poco recorrido que acabó debilitando a ambos partidos.

Esa debe ser una de las referencias que pesan en el ánimo de Sánchez para evitar a los populares. También el hecho de que la gran coalición alemana no ha mejorado las perspectivas del SPD, todo lo contrario. La tesis general de los politólogos es que las grandes coaliciones solo favorecen a uno de los socios o a ninguno.

Sin embargo son más los principios políticos esenciales compartidos por PP y PSOE (y por supuesto a Ciudadanos) que los que les acercan a Podemos e Izquierda Unida. Principios que se refieren a posición internacional, alianzas, Europa, euro, seguridad, política económica… pero ahora cuentan más las imágenes, las apariencias, que las cuestiones de fondo.

Los socialistas ya saben por su experiencia en varias autonomías (con Asturias y Valencia en primer plano) que gobernar con Podemos y sus entornos es asumir un duro calvario, un camino muy pedregoso que puede conducir a grandes decepciones en la próxima cita electoral. Pero esa apreciación es aun prematura, demasiado sofisticada para electores cabreados, indignados, que quieren cambios y sueñan con soluciones milagrosas. Ahora no vale aquello de más vale malo conocido que bueno por conocer.., la pulsión primaria es cambio, pasar página y abrir otro capítulo.

El suelo del PP, con o sin Rajoy, es pétreo, tienen abonados siete millones de votos que no sirven para gobernar pero que son críticos para que ningún otro gobierne. En el PSOE huyen del PP por miedo a perder base electoral, lo cual apunta la debilidad del proyecto socialista, su dificultad para explicar su estrategia y fidelizar su parroquia, decepcionada por tanto bandazo, por tanta capacidad para la maniobra y tan poca para fijar ideas y objetivos.

Sobre el autor de esta publicación