Cebrián y los “Papeles de Panamá”

Cebrián

A principios de semana, el lunes, les razonaba en esta columna sobre si los periodistas merecemos respeto, todo a cuenta del comentario de Pablo Iglesias sobre el periodista de El Mundo que cubre la información sobre podemos. A Iglesias no le gusta y utilizó la manipulación como argumento. Luego pidió disculpas y el redactor señalado se dio un abrazo con Iglesias. Todo bastante patético.

Dos días después asistimos a otro incidente deprimente. El rosario de informaciones que provocan los “Papeles de Panamá”, que es un asunto serio, al menos, por su trascendencia mundial, añadió el nombre de Juan Luis Cebrián a la lista de afectados, en su caso de forma tangente ya que se trata de su exmujer, que le endosó el problema.

La indignación de Cebrián le llevó a advertir que tomará todas las medidas legales imaginables por difamación contra los medios que han publicado o van a publicar su nombre relacionado con sociedades en Panamá. Desde luego que está en su derecho. Los tribunales dirán, probablemente con razonable celeridad una vez les llegue y califiquen la denuncia o querella.

Lo llamativo está en que la denuncia la realiza PRISA, sociedad de la que Cebrián es Presidente que nada tiene que ver con los dichosos papeles. Es cierto que PRISA y Cebrián cursan como tautología, pero una cosa es la compañías y otra su presidente.

Más llamativo aun es que la primera consecuencia haya sido la rescisión de contratos de colaboración con el grupo PRISA con los periodistas de los medios que han publicado el nombre de Cebrián vinculado con los papeles panameños, y, además, la prohibición a los periodistas del Grupo Prisa para colaborar con La Sexta, el Confidencial y eldiario.es.

Una respuesta desproporcionada ante una información que se pudo despachar con un desmentido, con la exigencia de rectificación por el procedimiento establecido y con otros procedimientos habituales que Cebrián conoce bien en la práctica porque los ha padecido, los ha amparado, incluso alentado en su larga carrera profesional.

Utilizar la empresa como burladero es desmedido, indica precipitación y poco juicio, lo cual es inquietante si procede de una persona tan experimentada como Cebrián. Nunca he defendido la simpleza de que “perro no come perro”, que pretende que los periodistas se meten con todo el mundo menos con los propios periodistas; sobre todo los de cada familia o pandilla.

Este conflicto pone en primer plano esas puertas giratorias periodísticas que lleva a pactos tácitos para que cada casa acoja en sus medios, sobre todo audiovisuales, a los de otros medios para mejorar sus ingresos, por un lado, y conseguir cierta neutralidad crítica por otro. De hecho se conforman tramas de complicidad, generalmente débiles, por este procedimiento; con luego se convierte en herramienta para ajustar cuentas, para amedrentar, tapar bocas o ganar amigos. En resumen una demostración de falta de respeto al periodismo y a los periodistas.

Desde luego que cada emisora o medio tiene derecho a contratar, convocar, invitar... a quien le venga en gana y a prescindir de cada uno de ellos cuando le convenga con cumplimiento de los contratos. Pero hay causalidades impresentables, que dicen muy poco de la catadura de quien recurre a esos procedimientos de intimidación o venganza. La letalidad de los papeles de Panamá está más en la respuesta de los afectados que en el hecho en sí, que no siempre implican comportamientos dolosos o culpabilidad.

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