Tiempos emocionantes, cuando a los criminales les pillan

Jose M Soria

La lista de actuaciones policiales y judiciales para descubrir y castigar conductas irregulares que tropiezan con el código penal es abrumadora. Da la sensación de que la sociedad española pasa por un proceso de ajuste de cuentas con una plaga de corrupción que contamina la vida política, escandaliza a los ciudadanos y fuerza la aparición de exigencias sobresalientes a cuantos ocupan espacio público.

Si las tarjetas de créditos indiscriminadas de los consejeros de Bankia provocaron una ola de indignación ciudadana a principios del pasado año, los papeles de Panamá han tenido un efecto semejante entre los contribuyentes, especialmente todos aquellos que por rentas (fundamentalmente salariales) son sujetos tributarios sin posibilidad alguna de disimular sus ingresos. Comprobar que otros ciudadanos, muchos de ellos personajes públicos, tienen posibilidades de evasión que utilizan sin complejos enciende la indignación.

El caso del exministro Soria roza lo patético, no es fácil actuar con tanta estupidez, prepotencia y torpeza como este hombre, que se las dio siempre de ser el mejor de la clase, el más listo, aspirante a todo y capaz de resolver los problemas que para otros resultan imposibles. Aún no sabemos qué hizo mal, además de ser titular de sociedades en paraísos fiscales (lo cual levanta sospechas) hace muchos años. ¿Qué oculta Soria, cuánto dinero...? Se va sin explicar nada de fuste. Recorre todos los medios con entrevistas irrelevantes, pero sigue sin explicar a qué se dedican esas compañías que no recuerda, ¿qué facturaciones y beneficios obtenían, qué ha sido de ellas? Cuando menos es raro. Ha quemado su vida política y su reputación, y parece no enterarse de la catástrofe. Dice que se va para no dañar a terceros... como haciendo buena la conclusión de los mineros leoneses: un tonto del c...

Más concluyente es el último episodio de Mario Conde al que tras muchos años de vacilaciones, olvidos o lo que haya sido, la policía y los jueces le han hecho las cuentas buenas y localizado los zulos de almacenamiento de su fortuna. Al margen del origen de esos millones de euros, que habrá que acreditar, están las deudas pendientes con Hacienda y con otros defraudados con condenas a favor. Al final parece que se cumple el lema "el criminal nunca gana" un célebre programa de radio Madrid en los años cincuenta y sesenta. Con la vuelta a presión de Conde y sus cuentas ocultas destapadas o a punto d serlo la historia del personaje se cierra con la peor conclusión para el presunto titán, que tuteaba al Rey, que hablaba con el papa y que venía a redimir a la sociedad. Concluye en la lista de cacos más famosos, como Ruiz Mateos.

El último capítulo de la semana no es menor, la detención de dos organizaciones justicieras de extensión, dos personajes extorsionadores que campaban a sus anchas entre los poderosos, que tenían acobardada y sometida a tributo a media banca y a cuantos se les ponían a tiro. Todo ello con el argumento del "Robin Hood" moderno armado con querellas, algunas bien fundadas. En este caso hay dos zonas oscuras, el extorsionador, que está identificado, y los extorsionados, que también forman parte del delito, sobre todo a la vista de la escasa resistencia al chantaje, algo que merece investigación y que requiere explicaciones.

Tres casos de mayor cuantía, de portada en solo una semana, limpieza de altos vuelos, en la política para poner en valor la credibilidad, no mentir; y en la sociedad que es capaz de perseguir y castigar, al menos, a delincuentes de cuello blanco que se creían protegidos por la audacia.

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