Un punto de desviación del déficit... ¡tela marinera!

En circunstancias normales sería un nuevo gobierno y, muy probablemente, otro ministro de Hacienda, al que le hubiera tocado presentar las cuentas del año 2015 con la sorpresa de que la desviación de déficit (negada por el presidente y sus ministros con insistencia antes de las elecciones de diciembre) alcanza un punto, diez mil millones de euros.

¿Qué hubiera dicho el nuevo ministro, sobre todo si fuera de otro color político? Pues sencillamente lo mismo que dijo hace cuatro años el señor Montoro refiriéndose al gobierno anterior: mentirosos, tramposos, incompetentes… Pero como era el propio gobierno es que analizaba el incumplimiento, el fracaso se presentó como hecho virtuoso, con un hijo pródigo y descarriado, las Comunidades Autónomas.

Cuando desde Bruselas se advirtió a finales de año que España se desviaría en unas décimas (dos o tres) del objetivo de déficit la balacera que el presidente Rajoy y sus ministros dedicaron al comisario Pierre Moscovici (francés y socialista) fue más que notable, con la amable complicidad del presidente de la comisión que reprochó a su comisario que fuera tan crudo con los amigos españoles.

Bruselas advertía de una desviación de hasta tres décimas sobre un objetivo que ya fue revisado en su día porque los compromisos previos eran alcanzar superávit primario este año (menos del 3% de déficit), rectificados posteriormente en un par de años. La realidad ha sido bastante distinta, España seguirá en la cabeza de los países del euro (junto a Grecia) con mayor déficit. De manera que eso de que Rajoy es el alumno aventajado de la canciller Merkel (Alemania repitió el año 2015 excedente presupuestario) es declarativo, pero no real.

Este ha sido de los recortes, y por eso explica la pérdida de votos, pero la realidad es que ha sido un gobierno abrazado al déficit con una gestión presupuestaria muy deficiente, con el agravante de que ha conseguido lo contrario de lo que defiende y pretende. Los resultados del 2015 (pendientes de verificación por los técnicos de Bruselas, que pueden producir alguna sorpresa adicional) son malos, pero es agua que ya pasó. Lo relevante ahora es que al próximo gobierno le va a quedar un cuadro presupuestario como para pasar turno de dejar que otro ate esa mosca por el rabo. Entre las desviaciones del 2015 y los que se apuntan para el 2016, el panorama para el 2017 no es nada tranquilizador. Y como las agencias de rating se lo tomen como problema podemos entrar en una espiral inquietante.

Me pregunto si Sánchez e Iglesias, Pedro y pablo dedicaron unos minutos a este asunto, incluso si tienen alguna conciencia de lo que significa. Y prefiero no avanzar en la respuesta, para no contribuir al desaliento. Tampoco me pregunto si Rajoy va a dar alguna explicación tras sus presuntuosos comentarios sobre “cumplimiento” de hace unos pocos meses, cuando ya era más que evidente que el resultado final sería malo, aunque no tanto.

Lo más grave de las cuentas es que buena parte del gasto excesivo viene después de recortes severos en servicios sociales (educación y sanidad) y drásticos en inversión en capital público (incluido el mantenimiento de infraestructuras esenciales). No está tan claro que hayan rectificado despilfarros, duplicidades y liberalidades. Ahora a esperar la respuesta de Bruselas que cuenta con facultades para sancionar e incluso “intervenir” imponiendo ajustes.