De Alierta a Pallete sin cortocircuitos

El relevo en la Presidencia de Telefónica manda una señal de normalidad institucional en España. Aunque es una compañía privada y multinacional, cotizada y vigilada por supervisores de varios países y mercados, también forma parte del Estado en la sombra, de hecho es una especie de “miniestado” o “macroministerio” con muchas líneas de puntos con el gobierno de turno; por eso Telefónica sirve para resolver problemas complicados a los demás. Y también por todo ello las decisiones importantes de la compañía interesan al Estado, a los gobiernos con los que tiene trato, con el riesgo de que quieran entrometerse con sugerencias, influencias o vetos.

César Alierta tiene abierto el expediente de la sucesión desde hace años, tenía que elegir el momento para que no se lo eligieran otros y para poder sacar adelante su plan, su modelo de relevo, con mezcla de discreción y de consenso, porque su poder no es ilimitado, tiene que contar con otros interesados en la compañía, sin perder de vista las reglas del buen gobierno, la idoneidad del designado.

Ahora es fácil interpretar los movimientos en la cúpula directiva que se vienen produciendo durante los últimos años; con varios potenciales candidatos a la sucesión desde dentro que entraban en la lista de potenciales sucesores. Que haya sido Álvarez Pallete el finalista indica que el proceso ha sido bastante lineal, era el que más puntos acumulaba. También es fácil de interpretar el momento elegido una vez tomada la decisión. Alierta ha cumplido 70, una edad poco compatible con la presidencia ejecutiva de una gran corporación; superar esa cifra inexorable supone exponerse a murmuraciones e intrigas.

Además este año toca renovar buena parte del consejo por caducidad del mandato (el de Alierta dura hasta 2017). Y la situación de gobierno provisional con influencia limitada supone una ventana de oportunidad para evitar interferencias.

Telefónica va a concluir (si todo funciona con normalidad hasta el consejo del día 8 y la junta general de mayo) un relevo profesional, interno, nada traumático por primera vez en muchos años, casi en su historia. El nombramiento de Presidente de Telefónica ha sido siempre competencia oculta y privativa (aunque sin formalidad) del presidente del gobierno. No fue Aznar quien nombró a Villalonga o al propio Alierta pero se hizo con su bendición tácita o explícita. No fue González quien nombró a Luis Solana o a Cándido Velázquez pero no se hizo sin su conocimiento, y así sucesivamente hasta tan atrás como se quiera llegar en la historia.

Esta va a ser la primera vez que el Gobierno solo se ha enterado y que el relevo se produce en la casa, a favor de un profesional que acumula mérito, experiencia y preparación. Álvarez Pallete lleva 17 años en el equipo directivo de Telefónica, empezó en finanzas (que es una asignatura obligatoria para una compañía de ese tipo), siguió en el área internacional, en América y también en Europa con funciones de más radio (marketing, estrategia, recursos humanos, tecnología… ) y desde hace algo más de tres años era el nº 2 de la compañía con asiento en el consejo desde 2006. Además tiene la edad y la salud (maratoniano) para pasar vida saltando el océano para atender el negocio a ambos lados, Brasil y Alemania, España y Argentina o México; con un ojo en Bruselas y otro en Nueva York.

Un relevo pacífico que contribuye a la marca España y evita un problema que es la mejor forma de solucionarlo. ¿Se imaginan un relevo politizado y polémico?

Coda: Esta columna hace la nº 1000 que he escrito para República desde su nacimiento en abril de 2010, una cifra como otra cualquiera pero muy redonda.