El BCE inunda los bancos para que presten

Aparentemente la política monetaria del euro carecía de margen, el BCE colocó el precio del dinero al mínimo (cinco centésimas) y puso en marcha operaciones de liquidez (litronas de euros) para que los bancos presten y estimulen la economía. La semana pasada dobló la apuesta, más litronas y ni siquiera esas cinco centésimas, cero pelotero. Desde hace más de un año Mario Draghi, presidente y motor del BCE, reclama de los gobiernos del euro y de la propia Comisión Europea medidas fiscales y legales (eso que llaman reformas) para ayudar y suplementar la política monetaria. Pero tales apoyos no llegan o lo hacen con timidez. Y los alemanes no están por esa alternativa.

Las políticas fiscales tienen poco margen y quien podría protagonizarlas, especialmente Alemania, no lo tienen claro, va contra sus intereses inmediatos y contra sus convicciones más profundas. Y respecto a las “reformas” la cosa en más complicada, van con cuentagotas, con más pasos atrás que adelante porque tienen mala prensa, porque los gobiernos no se atreven (ya lo dijo Juncker: sabemos lo que hay que hacer, lo que no sabemos es ganar las siguientes elecciones) y las resistencias son fuertes, cada grupo de interés se resiste con éxito.

Francia, que es uno de los países rezagados que pasa por riesgo de estancamiento, topa con obstáculos que parecen insuperables, con una agitación social contra la reforma laboral que amenaza la estabilidad del gobierno. En Italia el gobierno Renzi ha conseguido poner en práctica reformas pero con rendimientos que están por llegar. Y el caso español sufre de zona de sombra con un gobierno en funciones que ni puede ni quiere tomar decisiones y con un futuro gobierno que está por dibujar y que puede ser sorprendente para bien o para mal.

El BCE decidió está semana ir más lejos de lo que la mayoría esperaba, dobla la apuesta con tipos a cero, penalización a los depósitos bancarios en el BCE y nuevas rondas de liquidez con compra de todo tipo de activos (públicos y privados) para proporcionar liquidez a los bancos y empujarles a prestar para reactivar.

Los datos que Draghi conoce bien son tenaces, la inversión va a marcha lenta lentísima, los agentes económicos, familias y empresas no financieras, reducen deuda y aguardan que se despejen las incertidumbres tanto económicas como políticas. Lo cual no se vislumbra en el horizonte más cercano. Todo lo contrario.

El BCE espera que con más actividad repunte la inflación, hasta el objetivo del 2% anual, que simultáneamente crezcan empleo y salarios y que ese proceso contribuya a aumentar la demanda y el crecimiento para recuperar las tasas y la tendencia de los años previos a la crisis. Pero son demasiados factores que tendrían que coincidir con un denominador común: CONFIANZA, un concepto que tiene mucho que ver con la política y con los gobiernos. Y no es eso lo dominante en el ambiente. Los avances del llamado Plan Juncker van a paso tortuga, la gestión de un problema tan serio como el de los refugiados demuestra incapacidad e incompetencia europea para afrontarlo y resolverlo; y las incertidumbres sobre la fortaleza de los bancos, especialmente italianos y alemanes, son crecientes e inquietantes, después de varias rondas de test de estrés no está clara la fortaleza de los bancos.

Al BCE no se le puede pedir más, la magia de Draghi que evitó el verano de 2012 la crisis del euro, no puede ir mucho más lejos, ha agotado el repertorio, su la caja de herramientas está gastada. Los bancos están inundados de liquidez, atiborrados de euros, pero advertidos de que deben ser cautos con el riesgo y la demanda de crédito que les llega, que no es mucha y problemática en no pocos expedientes.