La crónica política se tiñe de emoción deportiva

Desde hace meses la crónica política se desliza por la emocionante pendiente del deporte competitivo, como si se tratara de una liga. Uno gana y otro pierde, cabe incluso el empate y mientras tanto las emociones del juego pasan por declaraciones, encuestas, estimaciones, intoxicaciones, todo con y para un desarrollo emocionante y poco productivo.

A lo largo de toda la tarde del domingo los tres mil apuntados a la asamblea de las CUP (candidaturas de unidad popular, que combinan separatismo, izquierdismo extremo, anarquismo postmoderno...) disputaron un torneo a tres tiempos con votaciones secretas sobre cuatro preguntas que decaían una a una, por muerte súbita, a cada votación. Algo parecido al mundial de clubes en Japón; dos competidores con título, SI o NO a investir a Artur Mas y otros dos figurantes DEPENDE, que quedaron fuera en la primera y segunda ronda de votaciones. Entre el SI y el NO quedaba muy poco espacio, un punto arriba o abajo. Más emoción imposible. El desarrollo de las votaciones de los tres mil apuntados se convirtió en un espectáculo con incierto desenlace, más divertido el desarrollo que los efectos del resultado, incluso para las propias CUP.

Por trance semejante está pasando el PSOE, aunque su democracia interna es menos mecánica y vistosa que la de las CUP, resulta más elaborada e incierta, a la vieja usanza. Pero los socialistas también andan contando votos, midiendo las fuerzas dominantes internas en términos de federaciones y de líderes regionales. El problema es que en el PSOE no está claro quién manda o quién quiere y puede mandar y con ese panorama imaginar que puede armar un Gobierno es hablar por hablar. ¿Quién va a confiar en un partido que no tiene claro su propio organigrama ni el proceso de decisión?

Un buen negociador reclama siempre que en la otra parte se siente alguien con capacidad para decidir, someterse a que cualquier acuerdo tenga que ser ratificado por terceros con más autoridad supone perder de antemano. Pedro Sánchez reclama una autoridad y unas facultades típicas y tópicas para un líder efectivo. No lo consigue porque es un líder de ocasión, de medio pelo, que ganó sin convencer, y al que los resultados electorales no le han ayudado a consolidar la posición.

Además de no tener claro quién manda el PSOE tampoco ha conseguido clarificar qué pretende, no ha hecho autocrítica de errores pasados y presentes, se han renovado sin renovarse, siguen ensimismado en sus propias cavilaciones y empeñados en su propio reñidero.

El problema para los socialistas es que provocar unas nuevas elecciones en mayo con la misma alineación puede ser ruinoso; y cambiar de líder también, porque no hay tiempo. Lo mejor para ellos sería que el PP formara un Gobierno débil y de corta duración; pero no va a ser posible porque precisa el apoyo socialista, lo cual les parece un suicidio. De manera que ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Mi abuela diría que en esta tesitura los socialistas no saben si tomar criada o ponerse a servir. Todo ello para alivio de Rajoy que debería ser el líder atribulado, pero que se beneficia de la debilidad del contrario. La crónica es tan apasionante como decepcionante.