La Presidencia del Congreso, un ensayo general

Cuando el Gobierno es estable, por mayoría absoluta o por pactos parlamentarios sólidos, la Presidencia del Congreso tiene importancia política, pero menos. Cuando el Gobierno es inestable, débil, dependiente, esa Presidencia cobra valor. Ahora lo va a tener y su elección será el ensayo general del modelo de pactos y del equilibrio de las fuerzas políticas de la legislatura que empieza. El Presidente del Congreso tiene facultades importantes para ordenar la vida parlamentaria, que será intensa y rica en matices. De manera que la Mesa del Congreso: Presidente, cuatro Vicepresidentes y cuatro Secretarios, van a poner a prueba la aritmética parlamentaria.

El día 13 se constituirán las Cortes Generales (Congreso y Senado) con la recepción de los parlamentarios en ambas cámaras que empezarán presididas por una mesa de edad, a la que corresponderá ordenar las votaciones para elegir Presidente, primero, y a los otros ocho miembros de la mesa, a continuación. Para la primera votación se precisa mayoría absoluta, para las siguientes vale con alcanzar mayor número de votos a favor que en contra.

Una proyección lineal de los escaños conduciría a una composición de la Mesa del Congreso con tres asientos para el PP: (Presidente, Vicepresidente 1º y Secretario 1º); dos para el PSOE (Vicepresidente 2º y Secretario 2º); dos para los cuatro grupos de Podemos  (Vicepresidente 3º y Secretario 3º); uno para Ciudadanos (Vicepresidente 4º) y la cuarta secretaría para los catalanes (ERC y DyL) que tienen alguna dificultad para formar sendos grupos parlamentarios ya que no alcanzaron la cota del 15% en Barcelona.

Pero esta composición lógica puede sufrir modificaciones si los grupos pactan otra composición que pase por una Presidencia que no sea del PP y una limitación de la presencia del partido ganador a solo dos asientos en la mesa. Los acuerdos para componer la mesa y designar presidente no comprometes los pactos posteriores para investir al Presidente del Gobierno aunque sean una indicación.

Mientras no haya mesa y Presidente no se convocará la sesión de investidura, y no hay plazos previstos para estos trámites. Tampoco los hay para la sesión de investidura que convocará el Presidente del Congreso una vez el Rey le indique a quién encarga formar Gobierno, una vez que parezca en condiciones de ganar la votación.

De manera que aunque hay plazo de dos meses entre la primera votación de investidura y la convocatoria de nuevas elecciones por  fracaso de la legislatura, no lo hay para el trámite de componer la Mesa del Congreso, ni para convocar la investidura.

El proceso de negociación será complejo por su propia naturaleza, los actores del cuadro no se han caracterizado hasta ahora por su habilidad negociadora, la experiencia del pacto político está oxidada y no abundan mediadores capaces para componer y meter en razón al cuadro de actores. Poner el marcha el Congreso será la primera prueba, un ensayo general para todo lo demás.