Fabius, Francia y la Cumbre de París

Al gobierno francés le correspondió organizar la cumbre sobre el clima que debía fijar otra frontera tras el protocolo de Kioto de 1997, agotado en sus efectos, y sucesivos fracasos en las cumbres celebradas desde entonces. Para esta ocasión la actitud de China y los Estados Unidos, los dos países que emiten más gases con efecto invernadero era favorable con lo cual buena parte del recorrido estaba hecho. Pero reuniones con presencia de casi 200 países y gobiernos que tratan de formalizar Acuerdos que obliguen a las partes se abe como empiezan pero nunca como terminan.

El papel del anfitrión siempre es relevante, le corresponde la responsabilidad de convocar, ordenar los debates, proponer conclusiones y redactar ese documento final que debe merecer el asentimiento de todos. Una tarea que requiere habilidades diplomáticas, ideas claras, flexibilidad y firmeza, saber escuchar y acierto para sintetizar... todo eso lo ha hecho y bien, el ministro francés de Exteriores Laurent Fabius, un veterano político socialista que lo ha sido casi todo en la República Francesa, desde ministro de Presupuestos (35 años) e Industria con Mitterrand (1981-85), a ministro de Finanzas con Jospin (2000), presidente de la Asamblea y ministro de Exteriores con Hollande. Previamente fracasó en las primarias para encabezar el socialismo francés y la candidatura a presidir la República frente a Segolene Royal primero y François Hollande después.

A punto de cumplir los setenta Fabius suma a su carrera política el éxito del Acuerdo de París, un compromiso que queda lejos de lo que pretendían los más entusiastas pero también de la posición de los más críticos. Un Acuerdo posible que establece un camino para afrontar con algunas garantías el cambio climático, un problema que preocupa a la comunidad científica, al propio Papa Francisco y, ahora, a casi todos los gobiernos del mundo, que se han comprometido a reducir las emisiones de gases tóxicos y limitar el calentamiento global a no más de dos grados sobre las referencias previas a la industrialización.

Hay abundante literatura sobre la decadencia de Francia, que es también la de Europa, que aporta datos serios sobre el fenómeno; pero nos e puede pasar por alto el capital humano que acumulan los franceses, del que ha sido buena muestra la gestión de la conferencia de París. La nómina de políticos franceses con experiencia, con credenciales y capacidades es amplia; la amenaza que supone la extrema derecha del frente Nacional que capta el voto de los decepcionados, es evidente. Pero Francia... es mucho país; mucha historia acumulada; mucho orgullo, tal y como ha acreditado tras los atentados de hace poicas semanas.

En España la cumbre de parís ha pasado relativamente desapercibida, el avatar electoral preñado de banalidades, ha desplazado de la actualidad el problema de los refugiados, la crisis griega, los problemas ruso-ucranianos… la irrelevancia de la política exterior durante la campaña electoral es un claro indicador de la mediocridad imperante. ¿Quién podría ser el Fabius local?