La incompetencia de RTVE

A regañadientes, forzados por la Junta Electoral, RTVE (mil millones de presupuesto anual) programó el miércoles en horario de máxima audiencia el debate electoral “a nueve” con representantes de los partidos de primer y segundo nivel. Se trataba del complemento de los dos debates a dos (el próximo lunes) y a cuatro (el pasado) organizados por la Academia de Televisión y por Atres Media. El de TVE era secundario, compensatorio para los partidos menores.

Y TVE lo hizo con su habitual desgana, sin promoción, sin trabajo previo, mínimo esfuerzo y ningún entusiasmo, mera burocracia de una dirección sin objetivos, sin estímulo, sin pulso. Aun así consiguió una audiencia cercana al 11%, por encima de la media de la cadena. Si le hubieran puesto ganas, trabajo y algo de talento (incluida una promoción adecuada) podían haber doblado la audiencia. Porque el problema no está en la demanda (el público) sino en la oferta (en el emisor que ofrece productos atractivos).

Los jefes de TVE querían emitir en el horario de máxima audiencia el programa de Bertín Osborne (entretenimiento) para mejorar la medida de la cadena, para no perder los dos dígitos en el cómputo mensual, en demérito del mandato de servicio público, de la información. RTVE se conforma con ser terceros, sin publicidad y con más gasto que los que les desplazan.

El debate a nueve, mal dirigido, mal preparado, mal moderado por un conductor abrumado por controlar el tiempo y no molestar a los jefes, resultó mucho más interesante en cuanto a contenido que el del lunes entre los cuatro cabezas de fila. Estos navegaron atenazados por la cautela en un escenario complicado, casi hostil. Por eso el debate a cuatro tuvo interés por sí mismo, por la novedad y el formato, pero no por lo que dijeron, que fue casi nada.
El debate a nueve, menos espectacular, menos televisivo, menos promocionado, fue mucho más rico en contenidos. La presencia de UPyD y de Alberto Garzón (izquierda unida) añadió puntos de vista. Y los representantes de los grupos parlamentarios catalán y vasco, completaron un panorama que no se puede conocer ni con el debate a cuatro ni en el cara a cara.

Si TVE hubiera asumido el mandato legal de servicio público, debería haber actuado como protagonista del debate político, medio prescriptor de la campaña, con debates sectoriales y programas complementarios para informar a los ciudadanos y ayudarles a formar criterio. Nada de eso han hecho, ni siquiera lo han intentado. Y esa no es una responsabilidad de los miles de trabajadores de la casa, sino del centenar de directivos sin ambición, sin vergüenza profesional, que van a condenar a RTVE a la desaparición por falta de objeto social. Alguien debería dar un puñetazo en la mesa y exigir a RTVE que justifique ante la ciudadanía el mayor presupuesto de un medio informativo.