España se despereza ante el desafío secesionista

Atribuyen a Bismark la frase de que España es una nación indestructible, que resiste incluso los intentos de los propios españoles para acabar con la nación. Dicen que la pronunció con motivo de los debates dinásticos y republicanos de los años setenta del siglo XIX. No es una apreciación baladí. Los desafíos secesionistas y las guerras civiles jalonan la historia española desde la Constitución de 1812 no han acabado con esa nación española, la que proclamó el cura extremeño Muñoz Torrero como depositaria de la soberanía en Cádiz el año 1810. Nación soberana por encima de dinastías o de otros artificios.

La resolución que pretende aprobar una mayoría del electo parlamento catalán para “desconectarse” de España desafía el artículo 2 de la Constitución vigente que reza: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible…” Ese mismo artículo reconoce y garantiza “el derecho de autonomía de las nacionalidades y regiones”, pero eso viene después, y en ningún caso incorpora un derecho de autodeterminación de una parte.

Ir contra ese principio es hacerlo contra la nación, contra la Constitución y, por tanto, contra aspectos esenciales. Imaginar que un proceso secesionista cursa como un acto de voluntad propia que los demás aceptarán para evitarse molestias, es andar fuera de lo posible. España no aceptará una secesión porque es lo más parecido al suicidio. Los insurrectos catalanes, en unos casos por montar el pollo (en palabras de Baños), en otros por robustecer una negociación y en algunos por dar gusto a un sentimiento, no han reparado en ese carácter indestructible (según Bismark) de la nación española. Peor aún, la indiferencia de algunos les dio alas. No es probable que con Felipe González o José María Aznar en la presidencia del gobierno esto hubiera llegado tan lejos. Las causas no tan remotas están en las estrategias políticas partidistas del PSC, primero, y del PP después a cuenta del nuevo Estatuto para el siglo XXI que sembraron los vientos que ahora han traído la tempestad.

La riada secesionista ha llegado hasta el borde del punto de no retorno, la resolución que entró en el Parlamento esta semana es manifiestamente insurrecta, ilegal, tanto que ha conseguido despertar a la nación. Las reuniones de Rajoy con los líderes políticos con los que compite marcan una nueva estrategia activa que empezará a confrontar en serio con los secesionistas. Rajoy dice disponer de varias herramientas para cerrar el caso, todas ellas pasan por el uso de las leyes vigentes, probablemente la más eficaz radica en el código penal cuyos preceptos son bastante claros y cuya aplicación tiene un procedimiento convencional, explicable y que entiende todo el mundo. Un procedimiento que acredita instituciones legítimas, operativas y democráticas.

La hipótesis de Bismark sobre el carácter indestructible de la nación española se ha puesto a prueba en varias ocasiones, con resultado afirmativa. Estamos ante una nueva ocasión, no más complicada que las anteriores, solo requiere una ejecución firme y motivada. Aunque algunos no lo perciban, la nación española y su soberanía, no son de cartón piedra. Han resistido siglos y su actual legitimidad es la mayor de la historia. Va siendo hora de poner punto final a la aventura.