Cataluña ocupa todo el foco político-electoral

Hace pocos días en uno de esos foros políticos de debate que florecen en momentos críticos discutían los participantes, gente con fundamento, sobre las prioridades de la política española, ¿Cataluña o la recuperación económica y social? Las opiniones estaban divididas, la cuestión social (empleo, desigualdad, equidad, crecimiento…) constituye la primera preocupación de los españoles desde hace años, ahora más acusada que nunca, pero la cuestión catalana se ha encaramado a la agenda con una urgencia y gravedad que nadie esperaba.
Efectivamente Cataluña va a ocupar la agenda política española y va a medir el talento y la habilidad de los partidos y de sus líderes. Está ocurriendo lo que parecía entre imposible y muy improbable. La ruptura de la sociedad catalana con una estrategia manifiestamente sediciosa por parte de los partidos que se proponen la declaración de una república catalana separada de España.

La propuesta de resolución parlamentaria de los secesionistas, que cuentan con mayoría sobrada para aprobarla, es manifiestamente sediciosa y de muy difícil explicación en los modelos democráticos convencionales, más bien formaría parte de liturgias pre-ilustradas. Pero es el proyecto de los independentistas irredentos que han arrastrado a Artur Mas y Convergencia por la dinámica que han propiciado para retener el poder.

Las causas remotas comprometen a los socialistas catalanes y españoles y también a los dirigentes del PP. Todos ellos han actuado desde hace años con visión partidista y oportunista y con carencia de sentido de estado. Todos olvidaron que el consenso constitucional está por encima de los partidos y de todos esos polvos vienen los actuales lodos.

Los medios internacionales e incluso las cancillerías han otorgado hasta ahora escasa viabilidad al proyecto secesionista a las bravas, pero los últimos acontecimientos y las previsiones para las próximas semanas, antes de las elecciones del 20 de diciembre) colocan el caso catalán en la lista de urgencias, en los riesgos inminentes.
Cualquier secesión es un malísimo negocio para los españoles y también para los separatistas. El proyecto catalán es suicida pero sus efectos en el resto de España son catastróficos. Un juego de perdedores en el que importa menos quien pierde más que el hecho de que todos se empobrecen.

Hasta ahora la respuesta del estado (del gobierno) ha sido retórica, voluntarista y poco convincente. En Cataluña los ciudadanos que no quieren la independencia se sienten abandonados, decepcionados e insuficientemente representados. Esto ha llegado demasiado lejos y el tratamiento tendrá que ser contundente y con un proceso complicado y costoso.

Ahora todos van a ganar o perder tiempo hasta que Cataluña y España dispongan de nuevos gobiernos (mediados de enero) que tendrán que asumir que Cataluña es cuestión urgente y decisiva. No constituye la primera preocupación de los españoles, pero sí de unas élites políticas que cuando menos, son manifiestamente irresponsables y aventureras.