Los debates, una oportunidad para la regeneración

Esta campaña electoral no puede ser como las anteriores porque el cuadro de competidores es nuevo, las oportunidades confusas y las referencias al pasado sirven de poco. Los nuevos jugadores llegan con muchas pretensiones y los incumbentes se baten con la esperanza de que las cosas ocurran como antes, con cambios de detalle. Una oportunidad para la audacia, para acertar con la tecla que voltee las expectativas.

Uno de los escenarios críticos y conflictivos de la campaña se llama debates en televisión, que es el medio con influencia decisiva sobre los electores, en positivo y en negativo. Para partidos y candidatos acertar a calculan sus presencias televisivas será determinante, estas elecciones se van a ganar (o perder) en las televisiones (y las redes sociales), por presencias o ausencias.

Para las cadenas se abre una oportunidad para salir del corsé que tratan de imponer los partidos con auxilio de la Junta Electoral que ha extralimitado sus funciones a costa de la libertad de información. Por eso las cadenas tienen el reto de desbordar las viejas barreras y tomar la iniciativa convocando con inteligencia tantos debates como puedan en defensa del interés del ciudadano y de la democracia. La regeneración pasa porque los líderes políticos salgan de cotos protegidos y debatan sin limitaciones, para que se muestren como son. A las cadenas les toca esa tarea, marcar el ritmo, dejar en evidencia a los que no quieran debatir.

El aperitivo que sirvió Évole hace una semana con un debate blanco (sin acuerdos previos farragosos) concentró cinco millones de espectadores, para abrir hipótesis de trabajo que hace cuatro años eran impensables. Entonces la discusión se centraba en el debate de los dos candidatos, dónde celebrarlo, cómo, cuándo y cuántos debates; en una televisión o en varias. Finalmente hubo un solo debate emitido en directo por cuatro televisiones nacionales, 13 regionales y otras locales o por Internet. Doce millones de personas siguieron el debate, más de la mitad de los que veían la televisión.

Ahora el panorama es diferente, no son solo dos candidatos y además los formatos posibles se han multiplicado. Entonces la Junta Electoral Central fijó unas reglas del juego que ahora están obsoletas por la realidad política y también por la fuerza de las redes sociales que valoraran, bien o mal, cualquier alternativa.

El PP prefiere repetir la experiencia anterior, un solo debate a dos y, quizá, algunos otros con secundarios. El PSOE duda, sabe que debe asumir riesgos y que no puede rechazar ofertas. Los dos nuevos están dispuestos a ir donde les convoquen y el resto de candidatos, nacionales o regionales también reclaman su lugar en el plato. Quien no sea capaz de soportar y superar varios debates no está equipado para gobernar.