Economía y confusión de confusiones

La Biblia cuenta que Dios castigó los pecados de los humanos con la confusión de lenguas, frente al desafío de babel, la incapacidad de entenderse. Uno de los problemas de la política y de la sociedad española es la ausencia de conversación y por tanto de debate ordenado sobre premisas sólidas, sobre datos.

La Comisión Europea en su revisión preceptiva de los Presupuestos de los países con déficit excesivo, por tanto sometidos a vigilancia, estima con los datos oficiales españoles, entre ellos los de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, que este año no se cumplirá el objetivo de déficit (4,2%) y el del próximo (2,8%) tampoco. Para el 2016 queda mucho trecho, opinar sobre pronósticos puede ser intelectualmente sugestivo, hasta divertido, pero es hablar por hablar, sobre todo en un entorno económico como el actual en el mundo sometido a cisnes negros, a imprevisibles e imprevistos cada semana.

Para el 2016 ¿Dónde estarán los tipos de la FED y qué efecto tendrá ese movimiento?, ¿Cuál puede ser el precio medio del petróleo? ¿Y el de otras materias primas esenciales? ¿Y si los británicos dicen No a la Unión? ¿Y si el gobierno de la Generalitat se lanza a la insurrección independentista? ¿Y si lo de Siria, Irán,… se complica? ¿Y si Rusia entra en crisis?...

Pero el 2015 está cerca de su punto final y disponemos de datos ciertos (aunque pendientes de verificación) de los siete primeros meses del año. Cantan que el déficit público alcanza el 3.13 del PIB, el 75% del objetivo (4,2%). El gobierno dice que los técnicos de Bruselas yerran, que cumplirán el objetivo con precisión. Con el agravante de que todos los años se han revisado los objetivos para facilitar el cumplimiento.

El Gobierno pudo asumir que una desviación de décimas no es relevante, que hay muchas razones que lo justifican. Pero decidió negar y descalificar, politizar las décimas y reiterar la penosa herencia recibida y demás monsergas. No es el mejor camino para ganar credibilidad y solvencia donde hay que hacerlo, entre los especialistas que saben sumar. En la opinión pública el problema es mayor ya que el escepticismo de los españoles sobre la política económica es crítico.

Pretender que la economía española va muy bien son ganas de molestar. Las cifras de paro, la evolución de los salarios medios, los recortes efectivos en bienes públicos como la educación, la sanidad, la dependencia y los servicios sociales son visibles.

Un poco más de modestia, de realismo, de respeto a las personas que pasan apuros llevaría a moderar el entusiasmo y el deslizamiento hacia la propaganda. Negar la recuperación es tan estúpido como pretender que hemos entrado en la prosperidad, en el crecimiento sostenido. Confundir, enredar, quebrar la conversación y el diálogo constructivo solo lleva a más confusión con riesgo de retroceso, de reincidir en la crisis. Los problemas económicos son de más calado del que pretenden estos profetas del milagro, basta con mirar a los estados unidos o Inglaterra, que con tasas del paro del 5%, siguen preocupados por la situación.