El caso Volkswagen y el ministro Soria

Volkswagen está afectada por un escándalo monumental que pone en riesgo su futuro por razones reputacionales y financieras. ¿Cuánto le va a costar a Volkswagen el fraude?. Es imposible de saber en estos momentos, pero todo apunta a que será mucho, tanto que hay quien estima que no podrá pagarlo sin una reestructuración que puede pasar por venta de filiales y marcas, por alguna fusión e incluso por cambios en la propiedad. Quedan varias incógnitas por despejar, en los Estados Unidos frente a reguladores, jueces y consumidores, y también en Europa, aunque aquí se percibe más benevolencia. En cualquier caso mucho dinero, primero en reparaciones de once millones de coches, segundo en sanciones y también en ingresos perdidos por el impacto del fraude en las ventas.
Con respecto a España conviene tener en cuenta que se trata de un mercado que representa en torno al 6% de Volkswagen tanto en vehículos producidos como en ventas locales. Por tanto una prioridad en el segundo escalón de las que ocupan a los responsables del grupo. Para España, sin embargo, Volkswagen significa el primer grupo automovilístico y uno de los primeros industriales con impacto sustancial en el entramado industrial nacional y más en concreto en Cataluña y en Navarra.

Qué vaya a hacer Volkswagen por su estructura en España no lo sabe nadie, ni ellos mismos. Pero entre las hipótesis razonables no hay que descartar ninguna, incluida la venta de alguna de las plantas españoles a un competidor.

Por eso desde el lado español conviene estrenar la prudencia y la diligencia; hablar poco y desplegar talento por parte de los más afectados, desde los sindicatos (que parecen los más conscientes y responsables) a las autoridades y los proveedores locales que están en ascuas.

La estrategia del Gobierno, más en concreto del ministro Soria, es cuando menos confusa a la vista de las declaraciones y desmentidos que ha protagonizado en pocos días. Por un lado aparece como un exigente protector de los clientes defraudados y por otro como un aliado incondicional del fabricante. Podía haberse ahorrado casi todas las declaraciones y optado por más discreción, porque ni puede ser el acusador ni tampoco el portavoz de Volkswagen. Afirmar que las inversiones previstas antes del escándalo se van a materializar es tan pretencioso como poco creíble. Ahora no es el problema prioritario, sin saber cómo van a quedar las finanzas y los balances de Volkswagen cualquier estimación de futuro es mero deseo, hipótesis no verificable.

El ministro Soria es tan declarativo como voluntarioso, lo fue con la cuestión eléctrica que iba a resolver en pocas semanas y lo está siendo con el caso Volkswagen, mucho más complicado e incierto de lo que pretende el ministro. Cuando las probabilidades son varias y muy diferentes, conviene ser cauto, sin vender la leche de la vaca que no ha nacido.