Casi todos dicen que han ganado

Elecciones críticas por la cifra de participación que no van a resolver los problemas de Cataluña, más o menos dejan las cosas como estaban, o quizá algo peor porque la división por mitad de la sociedad catalana es cada día más desgarrada.

Los resultados dejan algunos perdedores evidentes: el gobierno de Rajoy, cada vez más irrelevante en Cataluña; también la coalición ICV-Podemos que pierde posiciones respecto a las que alcanzó ICV hace tres años; para Podemos el resultado es claramente desalentador, no suman, la distancia con los socialistas crece y el sorpaso se hace más improbables. Más complejo es el caso de Convergencia y de Artur Mas, aplastados entre los secesionistas que les llevan del ronzal desde hace tres años. No va a tener fácil la reelección el actual presidente, el conductor del proceso, y Convergencia pierde el carácter de partido motor de la política catalana.
También son obvios algunos ganadores: Ciudadanos, convertido en principal partido de la oposición, y las llamadas CUP, que tendrán influencia decisiva en las votaciones del Parlamento. Pero ninguno de ellos influirá en la política, son partidos emergentes que vienen a sustituir a otros, pero sin alcanzar la condición de partidos de gobierno.

El objetivo plebiscitario ha fracasado, los secesionistas no suman lo suficientes para decir que han ganado, aunque eso no es óbice para que proclamen lo contrario con la misma rotundidad que sostenían el expolio fiscal y los 16.000 millones de déficit. No importa que no sea cierto, lo que cuenta es creérselo y repetirlo.

La cuestión ahora es formar nuevo gobierno, que requiere alianzas complejas: Y luego gobernar en el día a día, que exacerbará las contradicciones hasta el límite. Y además tratar de conducir el proceso independentista hasta esa declaración unilateral de independencia que es una mezcla de papel mojado y órdago para tumbar al contrario. Por el camino la emoción de los ciudadanos catalanas que se han sentido protagonistas de un cambio histórico entrará en fase de decepción y frustración.

Las inmediatas elecciones generales van a ser una prueba adicional para los secesionistas: ¿volverán a presentar una lista unificada?, ¿se sentirán apelados los catalanes para volver a votar...? Tanto no decidir van a tener empacho de decidir en elecciones libres, democráticas y sin limitaciones. Ese argumento de que a los catalanes no nos dejan votar se resquebraja.

Una de las lecciones de la jornada es que las encuestas a pie de urna son basura, solo sirven para armar ruido, para discusiones estériles sobre datos que carecen de fundamento.

Como conclusión provisional conviene reparar en la descomposición del PP catalán que deja al gobierno Rajoy en una posición muy débil; los socialistas han salvado los muebles pero con una pérdida de posición que significa que su sangría no ha acabado.

Han sido unas elecciones duras, a cara de perro, agotadoras, que no aclaran nada, que apenas cambian el mapa, aunque anuncian que el cambio ha empezado con destino incierto, que en breve los catalanes volverán en otras elecciones autonómicas preñadas con el confuso y tramposo derecho a decidir.