El puente de Cádiz, el más de lo más

Con exceso de oficialismo y déficit popular, con cinco años de retraso y con un gasto que dobla lo previsto Mariano Rajoy y Susana Díaz cortaron la cinta del segundo puente de la bahía de Cádiz el llamado La Pepa, por la Constitución de 1812. No es un puente de partido, en todo caso de bipartido porque tanto el PP como el PSOE han puesto de su parte para su construcción. Si es un puente de ingenieros por cuanto supone un hito en la historia de este tipo de mega infraestructuras. Hemos llegado hasta donde se puede, apuntaba uno de los ingenieros que conoce el proyecto y la obra, construirlo supone una referencia valiosa.

Pero los cinco años de retraso y el coste duplicado pone en cuestión la referencia. Las razones de esas manchas están en el propio diseño (hubo que resolver problemas no previstos) y en el dinero, hubo que recortar las asignaciones por cuestión de prioridades y disponibilidad.

El puente es un hito tecnológico, valor para el “hecho en España y por españoles” pero también un caso para analizar los procedimientos. Esta obra gigante ¿era necesaria?, ¿se justifica por rendimientos económicos y sociales?, ¿supone la mejor utilización de más de 500 millones €? Son preguntas impertinentes e inútiles cuando la obra está acabada, pero convenientes para sentar bases sólidas para el futuro de este tipo de mega estructuras.

La inauguración oficial ha sido típica de los “estados de obras”, abundancia de políticos que podían haberse quedado en casa y que en vez de añadir valor, restan. Lo que los políticos tendrían que haber explicado (accountability) son las razones de los retrasos y del aumento de costes, estudiar el caso para sacar conclusiones, para aprender y no incurrir en los mismos errores.

Apenas quedan mega estructuras pendientes más allá que el Ave a Galicia que el Gobierno quiere acabar porque es un compromiso político de gallegos con gallegos, pero cuya rentabilidad económica y social es bastante dudosa.
Con la experiencia acumulada convendría abrir una fase de análisis sobre este tipo de proyectos, con conclusiones sobre los requisitos que deben cumplir proyectos semejantes para no repetir los errores. El segundo puente de Cádiz es admirable, pero 500 millones € podían dar para mucho, quizá más urgente y rentable. Hurra por los ingenieros, y muy en concreto por Javier Manterola, padre del puente; pero no estoy seguro de que los políticos implicados merezcan algo semejante.