Peculiar e impertérrito Rajoy

La entrevista de Alsina a Rajoy merece lugar destacado en la bibliografía sobre este personaje peculiar y difícil de definir. El notario barcelonés López Burniol, que es persona de orden y fuste, calificó a Rajoy en uno de sus artículos de La Vanguardia (27 julio 2013) como “marmolillo”, reproduzco el párrafo de Burniol para facilitar la interpretación:

“Pensé, durante meses, en escribir un artículo sobre el quehacer político de Mariano Rajoy titulándolo “Don Tancredo”. Se me antojaba que la impávida y silente actitud de Rajoy ante los desafíos políticos no se asimila a la agresividad expectante de un saurio, sino a la vacía quietud del lance que practicó por vez primera Tancredo López -torero valenciano de escasa fortuna-, en el que el protagonista esperaba al toro a la salida de chiqueros subido en un objeto cualquiera, con ropajes cómicos y pintado de blanco, de forma que el astado no lo embistiese por considerarlo una estatua. Pero alguien se me anticipó, por lo que he optado por usar, con idéntica finalidad, otra expresión de la jerga taurina: “marmolillo”. Dícese marmolillo del toro aplomado y sin fuerza, con querencia a quedarse en cualquier terreno, que recula y gazapea, pero que puede llegar a embestir de forma imprevista, bronca y destemplada, con riesgo cierto para el diestro”.

Alguno dirá que es un párrafo poco respetuoso con el presidente del gobierno pero no se puede negar que describe el carácter del sujeto, con un talante entre indiferente (desinteresado) e impertérrito (a quien nada intimida). Alsina es zumbón amable, que deja espacio al entrevistado para mostrarse. Y Rajoy mostró un relativismo y una distancia a los problemas planteados que le hacen acreedor del apelativo de “marmolillo”.

Estas elecciones catalanas, tramposas desde su planteamiento original, sacan de los implicados lo peor de cada uno de ellos; incluso puede que nadie se esté gustando. Que una persona como Iceta se caracterice por su aptitud para el baile es un buen aviso de lo que pasa. Y que un tipo como Artur Mas, siempre tan planchado y formal, hable en indio de película del oeste sube las apuestas. Los demás no les van a la zaga, de manera que la campaña se ha convertido en una cadena de despropósitos, falacias, amenazas, descalificaciones, atrevimientos...
Que hasta el gobernador del Banco de España, un cargo que impone empaque, solemnidad, algo de severidad y bastante silencio, se embarque en un turno de preguntas para tener que matizar y aclarar al día siguiente, es el mejor indicador de derrotero del debate.

En el Partido Popular crece la inquietud sobre la competencia de su Presidente para gestionar asuntos complejos; tiene el mérito de aparentar ser impertérrito pero el riesgo de que al mismo tiempo sea indiferente. En Rajoy destaca la ambigüedad y la polivalencia; dice lo mismo y lo contrario al mismo tiempo, para a renglón seguido ponerlo en duda. La entrevista de Alsina impresiona cuando se escucha por segunda vez por las ausencias que manifiesta. Multiplica las dudas sobre la competencia, capacidad y habilidad del personaje para salir del embrollo en el que anda embarcada la sociedad española.

¿Qué piensa realmente Rajoy? ¿Qué pretende? ¿Para qué quiere ser Presidente del Gobierno? Las respuestas a esas preguntas son especulativas y confusas; depende de la perspectiva, de las circunstancias. Dicen que lo mejor de Rajoy es su serenidad, su habilidad para medir los tiempos y la oportunidad. Pero ese juicio nace del modelo marmolillo que describe López Burniol, “recula, gazapea y puede embestir de forma imprevista”. Lo cierto es que Rajoy es un solitario, que lleva muchas décadas en el puesto de mando y que pasa desapercibido incluso cuando es el actor principal, el protagonista. Es avaro de poder y opaco de pensamiento. Sin duda un personaje enigmático y poco común, al que Alsina levantó algunos de los velos que le cubren.