Volkswagen, de líder a tramposo apestado

No será el fin de Volkswagen pero si un tropiezo histórico que, de momento, se ha llevado por delante una cuarta parte de su capitalización bursátil en dos días (20.000 millones de €), toda la reputación de gente seria y, en breve, l dimisión o despido del presidente y varios directivos más. El problema es sencillo: son unos tramposos, las autoridades de medio ambiente norteamericanas han detectado que trucaron los sistemas de control de emisiones de medio millón de coches para burlar a los reguladores. La multa en Estados Unidos va a ser monumental, miles de millones de euros, la hipótesis de que haya responsabilidades penales (cárcel para quienes aparezcan como culpables directos del fraude) es alta; y solo ha empezado el baile porque la Comisión Europea y las autoridades alemanas irán a la zaga de los norteamericanos.

El clima social y político es de lo menos favorable para Volkswagen, la ciudadanía quiere limpieza y castigo a los malhechores, los reguladores buscan escarmiento, los jueces pueden ser implacables y los competidores muy exigentes con los tramposos. De manera que la primera firma europea y mundial de automóviles (a la par con Toyota) va a pasar por una dura prueba cuando mejor les iban las cosas.

Volkswagen ha pasado por la crisis, incluida la interna en la dirección de la compañía, con mejor fortuna que sus competidores; el prestigio de la marca (hasta el fin de semana pasado) era envidiable, sus ventas estaban en máximos (doscientos mil millones € el 2014), ha vendido más de cinco millones de vehículos el primer semestre de este año (récord histórico), los beneficios anuales superan los 11.000 millones y el balance está saneado.

Se entiende que la dirección se haya apresurado a reconocer el error y a mostrar la mejor disposición para pagar, cuanto antes, la multa que las autoridades consideren para zanjar el problema cuanto antes. Pero es muy probable que el precio sea más alto, que, para empezar, la dirección sea despedida y relevada, que a la atrición (pesar por la ofensa por el temor a las consecuencias) haya que unir contrición (arrepentimiento sincero) con penalización.
Las responsabilidades van a ser legales y morales, demasiados clientes engañados. Recuperar el prestigio ante los clientes va a exigir pruebas y esfuerzo. La cultura anglosajona de los norteamericanos tolera este tipo de fraudes, pero la renana no le anda a la zaga.

Merece la pena seguir el caso y aprender; la cultura hispánica debe tomar nota y aplicar a los tramposos y corruptos la misma medicina. ¿Se imaginan que el PP, el PSOE o Convergencia aplicarán criterios equivalentes con sus tramposos? O que a los comisionistas les aplicaran los correctivos adecuados. La moral del país mejoraría mucho.