Artur Mas puede despeñarse a lo Ibarretxe (y quedarse sin partido)

La aventura de la independencia catalana a la brava no acaba el 28 de septiembre con una mayoría parlamentaria secesionista, más bien empieza una incierta aventura solos frente al mundo con compañeros de aventura de todo pelaje. Para los cuadros de Convergencia y para sus votantes la deriva a la que les ha llevado Artur Mas tiene que producirles vértigo, aunque lo echen al olvido pensando que “ya lo arreglaremos”. Pero bien pudiera ocurrir que se lo arreglen sus colegas coyunturales dejando al partido que inventó Pujol, para gobernar un cuarto de siglo, dejando Convergencia en astillas antes de que los juzgados les hagan fosfatina.

A Artur Mas las visitas a la Moncloa, con Zapatero y con Rajoy, le han ido siempre bastante mal; Madrid le ha resultado siempre territorio hostil, algo que no le pasaba a Pujol, ni tampoco a Roca, a Durán o a Trías. No son pocas las personas cercanas a Mas que insisten en que su deriva secesioncita responde a una estrategia para mejorar su posición negociadora con el gobierno para lograr mayores cotas de autonomía, en realidad para lograr el pacto fiscal que reclamó a Rajoy en la última visita (fallida) a la Moncloa que tuvo notoriedad.

Para esa escalada negociadora Mas se ha ido rodeando de aliados que tienen otra agenda política y social y que más antes que después dejarán a los convergentes tipo Mas en la cuneta. La hipótesis, al margen de todo lo demás, de que Artur Mas acabe como Ibarretxe es más que probable; con el añadido de que Convergencia también quedaría triturada en el “proceso”.

A lo largo de los últimos meses la línea argumental de Mas se ha ido estrechando; aparcado quedó la tesis del “expolio”, lo de que “Madrid-España nos roba”. El mensaje tuvo pagada y éxito, engendró secesionistas sobrevenidos, pero en cuanto se ha confrontado con la realidad quedó arrumbado. Los argumentos en torno al idioma propio perseguido (a los que Wert contribuyó como tonto útil) tampoco tiene recorrido; tampoco la tesis del recorte de competencias y la recentralización se pueden sostener en un debate. Queda solo lo emocional, y la promesa/ensoñación de que independencia traerá la prosperidad.

El hecho de que dejar de ser españoles supone perder el DNI y el pasaporte nacional y salir del perímetro de los Tratados europeos, no entra en la cabeza secesionista aunque sea una inevitable consecuencia. Llama la atención que tanta antipatía a España no se traduzca en rechazo de los documentos españoles y de lo que comportan. Es como insultar para luego reclamar la condición de invitado.

El argumento de estos días: “nos quieren meter miedo”, tampoco resiste el debate, es como la excusa del mal pagador. Y que uno de los economistas de cabecera del secesionismo, Sala i Martín, sostenga ahora, que las pensiones en Cataluña subirían un 10% con la independencia da señales peligrosas de enajenación temporal.

Como señala Juan José Toharia las últimas encuestas conocidas, las de este fin de semana, puede quedar lejos del resultado final que conoceremos pasados siete días. Una cosa es predicar y otra dar trigo. Los riesgos son cada día más evidentes; Si los partidos secesionistas ya tienen 71 escaños (descontados tres de Unió) más algunos de los 13 de ICV ¿van a mejorar su posición parlamentaria el día 28? El viaje de Mas es como el del cangrejo, para atrás, aunque aparenta desafiar la gravedad. Por eso hay razones para pensar que está al borde del olvido y del fin de su carrera política.