Recta final de una campaña irritante

Los griegos votan el domingo por tercera vez en un año (derecho a decidir hasta aburrir), eligieron un gobierno que asombró al mundo para fracasar con estrépito antes del primer aniversario. Rechazaron un plan de rescate (que no era) para que, al poco, el parlamento aprobara por abrumadora mayoría otro rescate más exigente en algunos aspectos. Y ahora, con más escepticismo que antes, van a componer un mapa parlamentario más fragmentado que la anterior, aunque pudiera dar paso a un gobierno más estable. Entretanto el ciudadano medio ha incrementado su escepticismo y malestar; Grecia ha ido a peor.

En España, las elecciones griegas del 25 de enero pasado merecieron una atención extraordinaria en los medios, con muy pocos precedentes, incluso con programas especiales en las televisiones y primeras páginas. Solo las elecciones norteamericanas han merecido más atención. En esta ocasión las griegas del domingo van a ser unas elecciones más que apenas merecen una página estos días en los grandes medios.

¿Se puede trasladar el caso griego al catalán? En buena medida se asemejan; elecciones que encierran elementos adicionales, en el caso griego era casi un cambio de régimen, un gobierno renovador que no renovó nada. En el caso español-catalán también son unas elecciones normales pero excepcionales, se eligen diputados al parlamento pero también el sueño de la nación con estado a través de una decisión unilateral que tiene muy complicada materialización, porque para ser soberano se precisa que los demás lo reconozcan y no parece que eso vaya a ser probable.

La campaña ha sido irritante para muchos ciudadanos, el uso de las palabras es tramposo; abundan las mentiras o las medias verdades que son dobles mentiras. Los argumentos del señor Mas y compañeros de viaje son bastante retorcidos. Cuando esgrime que Cataluña va a ser un problema cuando se declare independiente y que como tal los demás países tendrán que asumirlo, muestra su propia debilidad. Imaginar que al ser un problema los demás tendrán que solucionarlo tiene ese tono de desafío que es pórtico del desastre. Porque los demás pueden perfectamente responder con el silencio o “con tu pan te lo comas”… lo cual deja al desafiante en una posición muy desairada frente a su parroquia. La insurrección con la que amenazan los secesionistas tiene un recorrido muy amargo, puede ser muy decepcionante. La tierra prometida, que ha desatado gran ilusión entre buena parte de los catalanes, puede estar mucho más lejos de lo que pensaban, pueden quedar en mero oasis que no existe.

La secesión por insurrección tiene compañeros de viaje bastante incompatibles entre sí, las lecturas históricas emocionales de las gentes de ERC o de las CUP son difícilmente compatibles con lo que sostiene Convergencia y eso complica mucho el futuro. La campaña es irritante por las deficiencias del relato, por la lejanía emocional, por las falsedades y manipulaciones. Y será más irritante cuando los resultados abran una nueva etapa política en una Cataluña más dividida y enfrentada que nunca. No se van a gustar a sí mismos los catalanas después del 27, no van a ser pocos los que se pregunten: ¿quién nos ha metido en este viaje?