La FED, Yellen y la firmeza de la mirada

A lo largo del día la Reserva Federal (FED) que encabeza la señora Yellen emitirá un comunicado con una decisión sobre los tipos de interés (subida de un cuarto o dejarlos como están) y un razonamiento explicativo. Tan importante lo uno como lo otro. Se sabe que la FED decidió hace meses que es hora de acabar con la excepcional política monetaria expansiva adoptada para hacer frente a la crisis desde 2008, hace ya siete años. Empezó por retirar las estimulantes compras de activos dejando de engordar el balance de la FED, pero queda la segunda etapa: colocar los tipos de interés en territorio alejado de la fase complaciente.

Con esa decisión la FED quiere recuperar margen de maniobra para responder a cambios de coyuntura, pero son conscientes de los efectos colaterales, de las lecturas del mercado. Subir tipos indica, por un lado, normalidad, consistencia en el crecimiento, cierta inquietud de la autoridad monetaria por la inflación y la estabilidad. No hacerlo supone lo contrario, inquietud por la recuperación. Ese razonamiento conduce a pensar que la subida del cuarto sería una noticia tranquilizadora.

Pero como los medicamentos, lo que es bueno para el hígado puede ser malo para el riñón, según sea la naturaleza del paciente. Y eso es algo imposible de calcular. En estas decisiones tan sensibles bien empieza lo que bien acaba, sirve lo mismo y lo contrario. La Presidenta de la FED ha reiterado que defiende una política previsible, que no quiere sorprender. Ha anunciado la subida de tipos, pero sin precisar día y hora. Y este último extremo tiene en ascuas a muchos agentes de los mercados.

Subir tipos inquieta a los deudores; advierte de una corriente de inversión hacia el dólar en demérito de otras monedas, sobre todo las de las economías emergentes que pasan ahora por una fase crítica, por una recesión que tiene varias causas, no relacionadas. Y debilitar esas economías puede debilitar las demás por efecto contagio, por las interrelaciones que impone la mundialización.

De manera que estamos ante una decisión crítica por el calendario, por la incertidumbre de las consecuencias. El mercado está dividido con más protagonistas partidarios del aplazamiento, de esperar a que el panorama esté más despejado, que los que estiman que lo que vaya hacerse hágase ya despejando interrogantes.

La decisión la tienen unos discretos funcionarios (los miembros del comité de la FED), todos economistas profesionales, con trayectorias acreditadas y con experiencia sobrada en estas lides. Pero conscientes también de que la interpretación de sus decisiones es abierta e imprevisible. El comité (FOMC, Federal Open Market Committee) está formado por 12 miembros, los siete componentes de la Junta de la FED y los presidentes de cinco de los 12 bancos (con rotación) del sistema. A la reunión asisten todos los presidentes del sistema (cinco que opinan y votan y siete que solo opinan) y altos funcionarios de la FED que ejecutan las decisiones y proponen alternativas. Votan los 12 miembros y actúan por consenso o mayoría. En esta ocasión es probable que haya mayoría y que todos precisen las razones de su posición.

La autoridad del Presidente, presidenta ahora, se mide por la capacidad de arrastrar a su posición a más o menos colegas. Y también por su credibilidad (compleja cualidad) a la hora de presentar a la opinión pública las decisiones del comité. Cuenta el fondo y la forma, las palabras utilizadas, las comas y la firmeza de la mirada, como frunce las cejas.