Telemadrid como síntoma y prueba

La presidenta Cifuentes trata de fijar un nuevo talante para el PP madrileño, se nota en sanidad y en el tono; también en las explicaciones. Gobierna en minoría y eso requiere vigilancia y prudencia. El gobierno anterior dejó al actual muchos “marrones pendientes” que Cifuentes tiene que ir trajinando en el día. Uno de ellos se llama Telemadrid, una empresa pública en estado agónico: sin objetivos, sin audiencia, sin talento, sin prestigio, con algún cadáver escondido, pero emitiendo cada día y con pleitos pendientes con su antigua plantilla y con proveedores.

Telemadrid se gobernó del peor modo clientelar y partidista prácticamente desde su nacimiento; con mejores o peores resultados en cada período peor con clara tendencia hacia lo peor. Ahora hay que tomar una decisión complicada: regenerar la casa o ponerla término. Lo segundo no entra en los planes de ninguno de los grupos de la Asamblea y lo primero no es seguro que esté a su alcance. De momento se han puesto de acuerdo en reducir el consejo de administración de 9 a 7 miembros con reparto proporcional de 3 PP, 2 PSOE, 1 Podemos, 1 Ciudadanos. Y ya empezamos mal con una “lotización” descarada que conspirará contra la gestión desde el primer minuto.

La exigencia de una mayoría cualificada para las designaciones se anula cuando se fija un reparto previo de elegidos que, aunque no están obligados (todo lo contrario) asumen la fidelidad al que les coloca como compromiso.

Ciudadanos ha propuesto un atajo para evitar el riesgo de lealtad partidista: que sean organizaciones profesionales y sociales las que propongan candidatos que luego deben pasar por el filtro de la Asamblea. No es mal atajo si las organizaciones profesionales se lo toman en serio, definen perfiles profesionales y proponen personas que satisfagan esas exigencias.

Perfiles que requieren profesionalidad, honradez, independencia de criterio… el problema es ¿dónde están esos mirlos blancos dispuestos a meterse por casi nada en semejante tinglado? Además, ¿quién y cómo va a definir los objetivos de esa televisión pública que tiene que actuar en un mercado muy poblado?, ¿es posible regenerar la casa con las cargas que tiene encima? ¿no sería recomendable empezar desde cero con limpieza de intención?

Para el gobierno de Madrid, y para los grupos de la oposición, Telemadrid es una dura prueba que, muy probablemente, no está a su alcance. ¿Necesitan los ciudadanos Telemadrid, qué oferta puede añadir? Y no es que lo que ciudadanos madrileños pueden hoy ver a través de sus pantallas sea insuperable. Si sin hacer nada Telemadrid cuesta casi cien millones de euros al año; si hay que regenerar la casa hará falta algo más. Y sin evitar los lotes partidistas será imposible regenerar. Un laberinto de difícil salida.