El almacén de residuos nucleares pincha hueso

Que España necesita un almacén o cementerio de residuos nucleares admite pocas dudas. Los residuos se producen aquí, las centrales nucleares (y demás espacios de uso pacífico de la energía atómica en la industria o la medicina) y por tanto al propio país corresponde la gestión integral del desperdicio, de la basura. Es algo conocido desde hace décadas, para ello se creó hace más de treinta años ENRESA (Empresa Nacional de Residuos) que ha acumulado recursos (aportados por la tarifa eléctrica) para almacenar los residuos.

Las primeras cargas agotadas de uranio se almacenaron en las propias centrales, pero era una solución temporal para un problema eterno. Una segunda alternativa ha sido utilizar almacenes de otros países con capacidad para rentabilizar su inversión. Una alternativa cara y con algún riesgo en el transporte. La necesidad de un almacén nacional es obvia, entendida también por los más fervientes enemigos de la energía nuclear. El almacén-cementerio ha estado sobre la mesa de los presidentes del gobierno de este siglo y ha ocupado a los sucesivos ministros de Industria y a los organismos reguladores de lo nuclear.

De manera que puesto que hay que hacerlo, la alternativa responsable es hacerlo bien. Hazlo bien… o no lo hagas; sería el mejor procedimiento para problemas delicados o complejos. Hacerlo bien significa pro0fesionalidad, trasparencia, compromiso, consenso, fundamento técnico y buena mano política. Y, sobre todo, evitar la politización como la peste; huir de la evitar la pugna territorial y alejarse del populismo.

Parece que las cosas no van a ser fáciles, el cumplimiento de las fases y plazos para iniciar las obras tropieza con dificultades técnicas, con informes insuficientes o contradictorios que concluyen con dudas en el propio Consejo de Seguridad Nuclear. Con lo cual es debate está servido y al proyecto del almacén-cementerio se desliza hacia terreno pantanoso. El nuevo gobierno de Castilla La Mancha no se lo piensa dos veces, marca distancia con el anterior y con el Ministerio, y se opone al proyecto, repitiendo el caso de las hoces del Cabriel que retrasó varios años la autovía Madrid-Valencia, entre otras razones, tal y como reconoció José Bono en sus Memorias, para fastidiar al ministro de Fomento, Josep Borrell que no era del agrado del manchego. Aquella fue un batallita de competencias entra dos dirigentes socialistas celosos de su autoridad. Con el almacén de residuos puede ocurrir algo semejante. El gobierno manchego está decidido a marcar su territorio y el Ministerio a fijar su autoridad. Lo que debería haber sido un proceso pacífico, ejemplar, respetuoso, profesional, eficaz… se va a convertir en una pugna politizada que solo va a retrasar y encarecer algo que debería haber estado hecho desde hace años.

Con este asunto no se debate la utilidad o no de la industria nuclear, el futuro de las centrales nucleares, simplemente se trata de determinar dónde se guarda la propia basura, en las mejores condiciones de seguridad y al coste más razonable.