La ofuscación por los símbolos: ¡abajo imágenes!

Los paralelismos históricos pueden cursar primero como tragedia y después como farsa, así lo apuntó Carlos Marx en uno de sus escritos (el 18 Brumario) rectificando la idea a Hegel de que la historia se repite. Asistimos ahora a una de esas peripecias aunque conviene ir con cuidado con las comparaciones. No se trata de comparar, simplemente tratar de entender. Entre los primeros malos pasos de la II República española, que tanto pesar produjo a alguno de sus promotores, de Azaña a Ortega, está la quema de conventos con no pocos asesinatos. Es obvio que forma parte del pasado que no se repetirá, aquello fue una tragedia.

La persecución de símbolos que han emprendido algunos ediles municipales democráticamente elegidos, presos de ardor revisionista, tiene tono de farsa. El empaquetado de la efigio del rey Juan Carlos ubicada en el salón de plenos del Ayuntamiento de Barcelona con amplio espacio y tiempo para las cámaras de televisión, para dejar constancia, tiene una parte bufa. No ha sido el único gesto semejante ni será el último, habrá más, con mezcla de ofensivo y cómico.

Quienes lo protagonizan lo explican por sus fervientes convicciones republicanas, sin precisar a qué tipo de república se refieren (la de Gil Robles y Lerroux o la de Azaña, quizá la de Largo Caballero, o pudiera ser la de los Estados Unidos, Francia, China, Alemania, Cuba, Argentina, Brasil o la bolivariana que anda más alborotada estos días. Sin concretar, las convicciones son ambiguas. Y por simpatía podríamos encontrar que algún edil con firmes convicciones vegetarianas ordene que en los colegios y comedores municipales se sirvan menús veganos. Con las convicciones personales se puede ir tan lejos como se quiera, incluso hasta lo ridículo o intolerante.

Además hay consecuencias no buscadas. El desprecio, con persecución, al jefe del estado del Reino de España, el actual y el anterior, por parte de los alcaldes de profundas convicciones republicanas, puede producir efectos contrarios a sus pretensiones. Algunos de estos nuevos políticos seducidos por “Juego de Tronos” y por la parte negra de la Revolución Francesa, pretenden que la guillotina fue el origen de los derechos. ¡Vaya empanada mental!

Sospecho que el desprecio a D. Juan Carlos y a D. Felipe se traducirá en creciente simpatía y respaldo hacia ellos. Ya se nota en las encuestas y no parece que la tendencia se haya agotado, todo lo contrario. Se percibe en los numerosos actos públicos a los que concurren tanto el actual Rey como la Reina. Felipe VI reitera a quien le quiere escuchar que su función es servir a los españoles, que mientras entiendan que la Corona es útil, seguirá siendo protagonista del Estado, democrático y de derecho, constitucional, en el que la soberanía reside en el pueblo. Amén.

Así que mientras unos empaquetan los símbolos, quienes los encarnan se dedican a predicar el imperio de la ley a la que hay que someterse. Las profundas convicciones personales son muy respetables, pero no se pueden imponer sin pasar por la ley y la Constitución. Son ideas elementales, que no conviene perder de vista, ni violentar. La ofuscación conduce al error y a aquella farsa que detectó Carlos Marx en alguna de las revoluciones de su época. Ortega dijo “No es esto, no es esto”, algunos lo recuerdan y reiteran.