Los periodistas están en Siria, pero no los periódicos

Tres periodistas españoles se suman a la larga lista de corresponsales de guerra desaparecidos, secuestrados unos asesinados otros, en Oriente Medio. Siria es hoy es territorio más peligroso para ejercer el periodismo, también Irak, Libia y Afganistán, y, por otras razones México, Rusia… tampoco son países seguros y amables para el ejercicio profesional. No son los primeros periodistas españoles que entran en el macabro circuito del secuestro con posible rescate en zonas de guerra, pero no es casual que los tres en esta ocasión pertenezcan a la especie del free-lance que llega a las zonas de conflicto sin la cobertura de un medio de referencia.

Los free-lance son familia cada vez más extensa, vocacionales de su trabajo, gente audaz, decidida y, generalmente, bien preparada por la acumulación de experiencias y de los relatos de los muchos colegas que les precedieron. Trabajan para distintos medios a la carta, bajo la ley más dura de oferta y demanda. Ellos ofrecen material a los medios y estos les reclaman cuando hay noticias. El compromiso para los medios es de menor cuantía, solo moral, los free-lance no son personal a su cargo, no asumen compromisos cuando estos periodistas pasan por dificultades.

Los medios ya no envían corresponsales a las zonas de conflicto, demasiado caro, demasiado riesgo; aprovechan el valor de los free-lance, gente peculiar, apasionada con su trabajo, intensa y, generalmente, competente por necesidad. Tienen que hacer valer su trabajo para poder cobrar por él lo suficiente para seguir en la brecha.
El Gobierno se ocupa del rescate de estos periodistas; forma parte de sus deberes; y es opinión compartida por cuantos saben del asunto y experiencia vivida que este tipo de gestiones requieren discreción, contactos y ciertas habilidades. No parece que la discreción haya dominado el caso, las familias de los periodistas esperaban más cautela, de los medios periodísticos y también de los oficiales. Se percibe la pugna subterránea entre Exteriores y Presidencia (CNI) para protagonizar el caso y capitalizar el posible rescate. Ya ocurrió en casos anteriores; una pugna estúpida. Este es un tema en los cuales conviene seguir la recomendación evangélica: que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda; la discreción como norma de vida.

También sirve para los medios, no ocultar información pero gestionarla con mesura y ponderación, sin carreras para llegar primero, si se llega mal. De momento quede el dato de que los periodistas estaban en la zona caliente, en la guerra; pero que los medios no acompañaban. Algo para meditar, algo que quizá sirva para entender la crisis de los medios, que obedece a causas ajenas pero también a males que están dentro, a pérdidas de foco y de enfoque.