El Rey en Bilbao, los secesionistas “a por todas”

Decía Enric Juliana, moderador del primer coloquio en Madrid de la nueva Unió de Durán y Espadaler, que el lunes fue un día denso, los secesionistas catalanes advirtieron que “van a por todas” y en Pamplona tomó posesión como presidenta del viejo Reino una nacionalista vasca. Y concluía: Pero esta mañana el sol salió a las 6:30. En realidad salió a las siete, pero efectivamente salió el sol, tal y como viene ocurriendo desde hace milenios y como seguirá aconteciendo.

Efectivamente la semana empezó en Barcelona y Pamplona con novedades previsibles y llamativas, de esas que anuncian acontecimientos extraordinarios que luego no lo son. Caben matizaciones, la primera que cuando alguien anuncia que “va a por todas” manifiesta un fondo de desconfianza en sus propias pretensiones. Espadaler, secretario general de Unió y consejero de Interior con Artur Mas hasta que duró la coalición, reiteraba el argumento de que carece de razón y explicación que para reformar el Estatut se precisen dos tercios de la cámara y para una declaración unilateral de independencia (DUI) baste con una mayoría raspada de diputados, ni siquiera de votos. Se trata de una inconsistencia que nadie en el mundo puede comprender, ni siquiera en Quebec o en Edimburgo.
Lo de Pamplona tiene otra lidia, la coalición que sustenta a la señora Barcos tiene que empezar a rodar para enseñar sus cartas y los navarros tendrán que ir evaluando sus votos como lo han hecho los guipuzcoanos en las últimas elecciones.

La contraparte de ambas estampas del lunes estuvo en Bilbao en la regia aula magna de la universidad de Deusto, presidida por el Rey, con el lendakari Urkullu a la derecha, el ministro vasco del gobierno, Alfonso Alonso, al lado, y todas las autoridades de Bilbao (Alcalde, Parlamento, Diputación, Juntas Generales...) presentes y atentas. También la Comunidad de los Negocios de Vizcaya y una buena representación de catalanes y madrileños.

El motivo era la entrega del título de empresario ejemplar del Reino de España, merecedor de la medalla al mérito que forjó Carlos III, a José Ferrer Sala, uno de los empresarios catalanes más relevantes y reconocidos. El Rey en Bilbao, en sede de jesuitas, entregando una medalla a un catalán, en nombre del Reino de España.

Las palabras del rey Felipe, breves y medidas, enfatizaron que juntos somos más. Y las palabras del lendakari Urkullu y el ministro Alonso discurrieron por la senda del diálogo y el entendimiento. El acto no duró más que una misa pero trasladó a los asistentes una sensación de normalidad institucional. El Rey tuvo tiempo para encontrarse con la sociedad bilbaína sin formalidades, charlar por el claustro de la universidad, hacerlo con cordialidad y dejar buen gusto por las maneras y los contenidos.

Entre los comentarios-confidencias del Rey, uno que le hizo al rector de Deusto sobre su estancia en Georgetown (universidad de jesuitas); una vez instalado le convocó el rector para decirle: “ya era hora de que viniera por aquí el que va a ser Rey de España, llevamos muchos años esperándole”.

A Juliana no le falta razón, el sol salió por la mañana como todos los días, a su hora, sin que la amenaza del “a por todas” hubiera impresionado al astro.