Cataluña ¿al borde del abismo?

Portavoces de los dos partidos políticos centrales de Cataluña durante el último tercio de siglo, convergencia y PSC, han declarado estos últimos días su percepción de que están al “borde del abismo”; el fracaso o el éxito de la lista integrada por la independencia se interpreta por ambos como determinante para el futuro y principio de todos los males imaginables. El realidad ninguno debe tener razón, ese abismo que pronostican no debe ser en fatal, por inevitable, destino para los catalanes. Con una m irada distante las dos pronósticos implican arrogancia por ambas partes; cuando un político pretende como disyuntiva su proyecto o el desastre, ni uno es tan consistente ni lo otro tan posible.

Las elecciones del 27 de septiembre, anticipadas por segunda vez, son peculiares, unas legislativas presentadas como constituyentes e independentistas. Una propuesta por parte de los nacionalistas de lo más anómalo, que compara mal con cualquier precedente internacional. Sobre todo esto casi todo está dicho. El simple dato de que para elegir algunos altos cargos del gobierno catalán se precisa mayoría, cualificada y pretender que para una decisión tan controvertida como una secesión, la independencia, sirve una mayoría simple de diputados, evidencia el despropósito. Los argumentos consagrados por los canadienses con el principio de “claridad” para procesos de este cariz: referéndum con pregunta clara que solo admite Si o NO y un resultado con una mayoría muy cualificada, carecen de valor para el caso catalán.

A estas alturas los ciudadanos residentes en Cataluña tendrán que ponderar el sentido del “abismo”. La proposición de los independentistas de que solo la secesión permite abordar los problemas de Cataluña carece del más mínimo rigor, pretender que una secesión no complica y aumenta los problemas, al menos durante los primeros años, es como negar que la lluvia moje. Pero esta historia no va de elementos racionales sino emocionales, que esconden la supremacía de algunos dirigentes en algunos partidos que pasan por encima de las realidades.

Las recientes elecciones del Barça (más que un club) son ilustrativas. Aunque todos los candidatos pasaron por el aro de la identidad catalana, es evidente que unos son más secesionistas que otros y los más no han ganado. También es evidente que la presión de los partidarios de la secesión ha intervenido en la campaña electoral del club de fútbol con poco éxito. Indicadores indirectos que se unen a las encuestas para revelar que el debate confronta a la sociedad catalana sin mayoría decantada a pesar de toda la presión desplegada, más de un lado, el soberanista, que del unionista.

La tesis de que las elecciones del 27S colocan a Cataluña ante el abismo es un disparate intelectual, político y sociológico. Hay disparates que marcan la historia, y otros que solo producen rasguños que sanan con el tiempo. Lo que vaya a ocurrir a partir de esa fecha no está determinado, el abismo advertido se desplazará unos kilómetros seguirá la agitadora carrera hacia ese temido desenlace. Y entretanto seguirá el desperdicio de energía en tiempos que requieren otras prioridades.