Palabra de Draghi… crece el pan

A Draghi le tocaba ayer comparecer ante los periodistas y explicar las decisiones del consejo del BCE, una reunión preceptiva. Siempre es relevante la comparecencia del presidente del BCE, más aun cuando la política monetaria es determinante (lo viene siendo desde hace varios años) y especialmente cuando está abierto en canal un caso como el actual laberinto griego.

La intervención inicial de Draghi evitó la cuestión griega, pero la primera pregunta versó sobre las facilidades al sistema bancario griego para garantizar la liquidez. La respuesta fue la noticia del día: el BCE mantiene la línea (89.000 millones) y amplia en 900 millones la facilidad a los bancos griegos. Un premio al buen desempeño estos días del gobierno griego. El BCE es el proveedor de efectivo a los bancos griegos para que atiendan a sus depositantes, con límite de 60 euros por persona y día.

Sin el soporte del BCE, que roza los límites de sus facultades (les desborda en opinión de alguno de sus consejeros) Grecia hubiera tenido que salir del eurosistema e iniciar la vuelta a una moneda propia, y la aventura de una severa devaluación. Cuando Varoufakis alude al “golpe de estado con bancos y no con tanques” lo que hace es reconocer que los depositantes griegos dependen del BCE y no del estado y los bancos griegos. Un soberanía que no sostiene la moneda se desliza hacia el estado fallido.

Pero la comparecencia de Draghi tenía otro mensaje tácito tan importante como es explícito de apoyo a los ahorradores griegos. Sin decirlo Draghi advierte que la crisis griega está acotada, que no estamos ante otro efecto Lehman, que las lecciones se aprenden y que el euro wes más resistente de lo que algunos imaginan.

El eurosistema ha asimilado la reversibilidad de algún socios o la posible suspensión temporal del vínculo, sin que ello afecte a los demás o comprometa el futuro de la moneda. Todos los mercados del euro han transitado sin sobresaltos apreciables durante las dos últimas semanas, desde el referéndum del pasado día 5 hasta el voto favorable del 75% de los diputados griegos a las medidas que abren la puerta al tercer rescate.

Por el camino se ha percibido mucho ruido, emociones a flor de piel, comentarios más o menos desaforados o atinados, palabras gruesas, insultos… pero con un proceso de retorno a la normalidad y el pragmatismo. Para las dos próximas semanas queda cumplir los compromisos de amortización con los deudores, incluidos los créditos vencidos del FMI, y desde esa posición dibujar un nuevo programa que coloque a Grecia en la pista del crecimiento, de la competitividad y finalmente de la reestructuración de la deuda con alargamiento de los plazos, alivio de los tipos y una quita al final del proceso. En resumen un programa bastante clásico de reestructuración, en este caso con cifras monumentales. Las finanzas requieren sosiego y aburrimiento.