Keynes, Versalles, Grecia Varoufakis y Garzón, ¡menudo potaje!

La última o penúltima entrada del blog de Yanis Varoufakis (la del día 14) se titula “Un nuevo Tratado de Versalles recorre Europa” un buen título que luego no se corresponde con lo escrito debajo, vicio del mal periodismo del que los académicos deberían huir por razones de reputación. Pero un buen título puede ser irresistible y éste, sin ser bueno, va bien para el ruido y la propaganda. Tan bien que los pupilos españoles de Varoufakis lo han tomado tan al pie de la letra que el diputado Alberto Garzón, portavoz de IU, entregó a Rajoy en el debate parlamentario sobre Grecia un ejemplar del clásico de Keynes “Consecuencias económicas de la paz” (1919).

Durante muchos años incorporé a la bibliografía obligatoria para mis alumnos de Economía esta obra de Keynes, uno de los mejores panfletos de la historia por su claridad, concisión y premonición. Mi sorpresa ayer fue por el desatinado uso de una obra tan brillante. Quizá Garzón no ha leído el libro, o no lo ha entendido o le da lo mismo. Pero no hay la más mínima similitud entre la “Declaración de la Cumbre del Euro del domingo para un posible tercer rescate financiero de Grecia” y el Tratado de Versalles, de muy infausta memoria para los europeos.

Una simple diferencia, en Versalles los vencidos, básicamente Alemania, tenían que pagar abrumadoras compensaciones y reparaciones de guerra. Ahora es “la humillada” Grecia quien recibe cantidades abrumadoras para evitar una catástrofe que arruinaría a los ahorradores griegos (quiebra de bancos), además de al Tesoro griego. Quien paga y quien cobra es un dato esencial para las comparaciones.

Otro de los lemas propagandísticos de Varoufakis es el del “golpe de Estado con bancos en vez de con tanques”, semejante pretensión permite entender las razones por las que el exministro llevó tan mal las negociaciones con el Eurogrupo. Acusar de golpista (además de otras lindezas semejantes) a quienes estas pidiendo enormes sumas de dinero es, cuando menos, una estrategia llamativa de negociación, quizá extravagante o quizá idiota, en el sentido griego de la palabra.

Quizá el profesor estimó que de esa forma dominaría a los otros ministros de la Eurozona, que se rendirían incondicionalmente, entre otras razones, porque no podrían soportar el suicidio griego. Tsipras compró esa idea por un tiempo, hasta el minuto en el que sus colegas jefes de gobierno finlandés, holandés… le dijeron que la puerta del Grexit estaba abierta y que podía ir pensando como pasar del corralito al corralón.

En ese minuto la arrogancia se vino abajo y tal como ha explicado Manuel Conthe (ver “el juego del Grexit” http://www.expansion.com/blogs/conthe/) el desarrollo de la teoría de juegos que Varoufakis había montado se vino abajo. La otra parte aceptó el farol y con las cartas en la mesa la baza griega era fallida.

El potaje que se ha montado el joven Alberto Garzón con Keynes y Varoufakis, con Versalles y Bruselas es como para que se lo haga mirar, un rato de meditación y más lecturas sin anteojeras. A lo que se parece el “programa del rescate griego” no es al Tratado de Versalles, sino más bien al Plan Marshall. Incluso por buscar alguna semejanza el contenido de las condiciones a los griegos para recibir los créditos tiene alguna similitud con los Pactos de la Moncloa, esos que la izquierda española de la época entendió y apoyó inteligentemente. La nueva izquierda española no ha entendido el caso griego están anclados en Benavente y “Los intereses creados“, lo del “viejo tinglado de la antigua farsa…” en este caso farsa griega.

Para aclarar ideas y sacar conclusiones propias les recomiendo una lectura tranquila del documento del Euro Summit del día 12, son solo 1500 palabras. (http://www.consilium.europa.eu/en/press/press-releases/2015/07/12-euro-summit-statement-greece/).

También seguir las recientes declaraciones del profesor Varoufakis que estaba decidido a ensayar una doble moneda: el euro y el pagaré griego, mientras seguía negociando para doblar al adversario. ¿De verdad le importa la gente a este motero? ¿Es incapaz de imaginar lo que esa doble moneda podía significar para los griegos? Me recuerda a Astérix y Obélix con su “Están locos estos romanos”, griegos en este caso.