Grecia (Syriza) frente al mundo

El Gobierno griego quiere cambiar Europa, que la Unión cambie de política y de estrategia; que el FMI rectifique sus políticas. Es como cuando los estudiantes de Derecho de la Complutense exigían al Decano la destitución de Franco, allá por los años sesenta, el Decano irónico, respondió, “bueno... pero eso tiene su procedimiento”. Que Europa cambie de política también tiene su procedimiento, entre otros requisitos pasa por mayorías en el Parlamento y en los gobiernos de la mayor parte de los socios. Y eso no está al alcance del Gobierno griego, ni siquiera apelando a los otros pueblos de la Unión (que también tienen sus procedimientos), ni con referéndum local, ni manifestaciones, ni declaraciones con adjetivos y mucho ruido.

Que Grecia no puede pagar su deuda es de sobra conocido, lo cual también tiene procedimientos de gestión que pasan por el acuerdo de acreedores y deudor. Plantear esas negociaciones en términos de soberanía nacional puede sonar enfático, incluso emocionante o heroico, pero estamos en una fase de soberanías compartidas que requieren acuerdos. Si los griegos quieren soberanía plena tendrían que hacer lo de Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como, es decir no pedir más crédito, incluso no pagando lo que deben.

Un referéndum es un artefacto peligroso, es complicado plantear la pegunta, una opción que debe ser clara ya que los ciudadanos pueden votar sin tener en cuenta la pregunta, simplemente con su estado de ánimo, por su simpatía o antipatía hacia quien pregunta. Y además queda pendiente la gestión del resultado. Esto del referéndum (derecho a decidir) también tiene su procedimiento y su desempeño. Hay sociedades que utilizan el procedimiento con frecuencia, sobre asuntos muy concretos, no muy complejos y de interés directo para los ciudadanos. Pero someter las grandes decisiones a referéndum puede confundir más que aclarar.

El Gobierno griego se ha colocado frente a demasiada gente, sus aliados son muy minoritarios y con intereses, a veces contradictorios. Todos los antieuropeos están encantados con los griegos, les están haciendo gratis el trabajo.

Un hecho llamativo, inquietante, es que Syriza lleva medio año en el Gobierno, casi 200 días, y su tarjeta de logros, más allá de las declaraciones y las negociaciones frustradas y frustrantes, es escasa. No reforma fiscal, ni impuestos a los ricos, ni lucha contra el fraude, ni coto a la corrupción de baja intensidad... Grecia está peor que hace seis meses; se puede culpar al enemigo exterior, al chivo (expiatorios)... pero la realidad es decepcionante. Ni han hecho amigos ni han mejorado la condición de los socios. Quizá les irían bien un par de sesiones de autocrítica.