A codazos por el centro

En España se está produciendo una curiosa revolución para acabar con la vieja política y los viejos partidos y alumbrar otras maneras y procedimientos, Pero es una revolución plenamente asentada en el centro, con todos los contendientes tratando de asentarse en el centro. Rajoy cree que el PP es el centro, por eso trata de empujar a todos sus adversarios a la izquierda, cuanto más extrema mejor. Tanto insiste que no percibe que la fuerza que utiliza le aleja del centro, de manera que el actual PP es el menos centrado de los últimos años en la percepción de los encuestados.

Al otro extremo, el fenómeno Podemos busca el centro, el enigmático tuit de Errejón, que es el ideólogo del partido, se entiende desde esa estrategia, que no es explícita porque para el objetivo de obtener el poder desde dentro hay que retener los votos originales de la izquierda más confesa, que incluye a la militancia perpetua del PCE y demás grupos de izquierda y también a los jóvenes decepcionados y airados. Ni que decir tiene que Ciudadanos está anclado en el centro y que el partido socialista, tras alguna vacilación, ha decidido acampar en el centro con las manos tendidas a ambos lados para ocupar en mayor número de deciles del espectro ideológico, entre el 3 y el 8. Todo ello supone un escenario singular, fuerzas políticas nuevas, criticas con el pasado, pero sin componentes extremistas o extravagantes. Aquí apenas hay espacio para xenófobos confesos con base electoral, ni para anti europeos militantes; pese a las críticas al sistema los electores no quieren aventuras.

El otro vector político que define la situación española se traduce en un rechazo del Gobierno fuerte, de las mayorías absolutas. Un vector que en el PP todavía no han procesado y que obliga a la simpatía, a acercarse a los demás partidos para negociar alianzas, siquiera parciales. Cristina Cifuentes y los demás dirigentes populares que han tenido que negociar y firmar acuerdos con Ciudadanos para poder gobernar, conocen de primera mano la nueva lógica pero en su partido no se han enterado del todo.

El escenario previsibles para las generales apunta a tres partidos dominantes con un número de escaños en torno a cien (de 70 a 100) un cuarto que puede quedar bastante atrás por la lógica del sistema electoral (entre 20 y 50 escaños) y luego los grupos menores y regionalistas que pueden sumar hasta 50 escaños bastante repartidos.

Ese mapa, bastante probable, significa que para formar gobierno se necesitarán tres grupos con una aritmética y geometría variables en cuanto a acuerdos. Un modelo bien conocido en democracias avanzadas como las nórdicas, pero que en España supone un novedad para la que hay que preparase. Los cuatros partidos que quieren ganar (dos viejos y dos nuevos) tendrán que esmerarse para ser el primero (con posibilidades de ocupar la presidencia del gobierno) y no cuarto, que le dejaría fuera o con poco margen.

Curiosa revolución la española, pacífica, centrista y de poderes repartidos y compartidos.