Asombrando al mundo con Manuela, Ada y Cristina

Cuando Felipe González perdió el gobierno el año 1996 tras cuatro mayorías (tres absolutas) se excusó con una frase estúpida, aludió a una “dulce derrota” porque la mayoría minoritaria del PP de Aznar le pareció reversible durante la legislatura. Fue un error de bulto que le llevó a la dimisión de todo, a sentirse final ente como un dinosaurio (fuera de época) y un jarrón chino (un estorbo). A Rajoy no le pasó lo mismo el pasado 25 de mayo, cuando conoció los datos de las elecciones municipales y autonómicas porque no dijo nada, envió a Floriano, siempre ocurrente, que anunció la victoria del PP. Y de entonces acá Rajoy anda calculando a quien va a endosar los errores y como va a renovar su equipo.

La magnitud del descalabro del PP ha quedado acreditada este fin de semana con el desalojo de centenares de Ayuntamientos y la pérdida de nómina de millares de militantes populares. El derrumbe se parece al de los socialistas hace cuatro años, prólogo de la pérdida del gobierno. Lo que le espera al PP es decepción y retroceso.

En España los electores han decidido una revolución pacífica que ha dado entrada en las instituciones a personas y organizaciones que pocos imaginaron que podían llegar a los centros de decisión. Las imágenes y discursos (y pronto las decisiones) de las dos alcaldesas de Madrid y Barcelona (sin perder de vista Valencia, Zaragoza, Cádiz, Coruña...) interesan ya a todos los internacionales. Si el 15M cautivó a no pocos medios y Pablo Iglesias ha merecido más portadas que el propio Rajoy, las dos alcaldesas principales van a saltar los límites.

España se presenta como un país llamativo, tanto o más que Grecia o Italia, ya que el primero cursa como tragedia y el segundo como comedia, mientras que España, de momento, es experimento. La magistrada Carmena y la activista Colau, coexisten con una hija rebelde del rey, una infanta que pierde un ducado con desobediencia manifiesta y pertinaz a su padre y a su hermano, a dos reyes seguidos. Cristina Borbón se resiste por amor y su madre, la Reina más profesional de las cortes europeas, de debate entre la Corona y la familia. Una historia apasionante que va a dar pie a páginas brillantes en las revistas más exigentes y espacias deprimentes en las televisiones más desvergonzadas.

Las cercanas Ada y Manuela y la distante Cristina son los personajes de la singularidad española; cuando imaginábamos que España se había convertido en una democracia aburrida, con una monarquía profesional y un electorado consolidado, resulta que los ciudadanos se atreven a votar para botar a los que han ocupado y repartido el poder durante un tercio de siglo, no tanto por conformidad con sus ideas como por deseo de cambiar lo que hay.

Los nuevos responsables de Hacienda y de Urbanismo de los grandes municipios militan en la resistencia más crítica, carecen de experiencia práctica, pero se sienten muy seguro de sus ideas y conclusiones. En principio se les atribuye honradez, que solo se acreditará cuando se resiste la tentación. En resumen, empieza una nueva época, con actores nuevos, guión por escribir, y capacidad para asombrar al mundo. Los europeos del sur escriben capítulos originales en la azarosa historia europea. En el caso español Manuela, Ada y Cristina se hacen cargo de algunos de los papeles principales.