Huevos podridos contra el Banco de España

El Banco de España publicó su preceptivo informe Anual y le han llovido huevos podridos de todo el auditorio, incluido el Gobierno que, según su vicepresidenta, no piensa hacer el menor caso. El Informe Anual suele ser desde hace medio siglo el documento de análisis económico más respetado en los circuitos especializados, al que merece la pena dedicar unas cuantas horas de trabajo crítico. Y otro tanto para el Informe del gobernador que suele acompañarle, aunque este año se ha convertido en una introducción cautelosa de tres páginas.

Para los interesados les sugiero la lectura del documento y que no hagan mucho caso a los resúmenes periodísticos, demasiado apresurados y ofuscado por el titular. Resumir el Informe con los habituales tópicos: bajar los salarios, abaratar el despido, subir el IVA... lleva a no molestarse ni un minuto en la lectura sosegada y crítica.
Lo llamativo es la pérdida de reputación de la institución a la que hacen pedorretas el gobierno, los sindicatos, los periodistas, los humoristas y todo aquel que se sienta motivado o concernidos para expresar una opinión, eso sí sin entrar en detalles, sin debate y sin lectura previa, aunque sea superficial del Informe.

El gobernador no ayuda, sus introducción es leve y su amabilidad con la política presupuestaria, cuando menos, llamativa. El hecho de que ni siquiera mencione los acuerdos sociales con recomendaciones para una negociación colectiva con moderación salarial, más llamativa aun.

El Banco de España tiene entre las funciones que le atribuye la ley informar sobre la situación económica y las políticas aplicadas. Y para ello dispone del equipo de profesionales más competente. Por su Informe debería ser de referencia, incluso para los discrepantes. Así ocurre en otros países. Los alemanes, dicen, puede que no crean en Dios, pero si en el Bundesbank. No es el caso en España, aunque bien merecería más respeto y atención.; incluso para luego debatir y discrepar.

No es lo que ocurrió en esta ocasión, el Informe ha sido recibido con lluvia de tomates y huevos podridos desde todos los lados; con indiferencia desde la política y desdén del gobierno. Los humoristas se ocuparán de la puntilla con las retribuciones de los altos cargos del banco como argumento para el derribo.

El problema de la pérdida de reputación es que recuperarla supone recorrer un camino muy exigente, tiempo y excelente desempeño. No va a ocurrir, más bien lo contrario. Los socialistas cuando llegaron al Gobierno descubrieron el valor de la Guardia Civil. El nuevo gobierno sospecho que no va a descubrir el valor del Banco de España, la avería que padece es severa. Ni siquiera les salva el aroma del Banco Central Europeo, probablemente la institución más respetada y efectiva de la Unión Europea. Las causas son varias y no parece que vayan a poner remedio. Es un dato más del déficit institucional que padece España.

Pese a todo lo anterior el Informe merece la pena, su análisis es serio y solvente, sus propuestas tiene fundamento aunque se pueden discutir. Lamentablemente, perdemos una oportunidad para aclarar ideas.