Tiempo de negociadores, no de chiquilicuatres

El primer set del partido acabó con los votos en las urnas, que han dibujado otro mapa político en España, presidido por la voluntad de cambio. Ninguna novedad porque desde hace tiempo, años incluso, el vuelco estaba anunciado en todas las encuestas. El segundo set se está empezando a jugar para articular los pactos que asignarán las responsabilidades de gobierno, una vez que las mayorías absolutas son excepción a la norma. Se van a armar pactos a dos, tres y cuatro bandas, para estar o no estar en los gobiernos, solo para la investidura o de mayor largo alcance. El tercero set serán los 100 ó 200 primeros días de gobierno de las corporaciones renovadas el domingo. Y como punto final las elecciones legislativas de las que saldrá otro gobierno, como precipitado de todo lo anterior, de un proceso que empezó hace ahora cinco años, cuando el socialismo de Zapatero dio un volantazo a su política sin dar explicaciones, más allá de que no había alternativa.

Estas semanas de negociaciones para conformar mayorías son determinantes para dibujar el nuevo modelo político de la que puede ser una segunda transición española hacia una democracia más o menos madura y respetable. Eso está por acreditar. Lo que los electores decidieron el domingo es que no quieren poder concentrado, ni quieren que sigan los nuevos sin renovación. Rechazaron la corrupción y la incompetencia.

Negociar es un arte complejo que requiere habilidades. El problema es que se trata de cientos, incluso miles de negociaciones, cada una de ellas con sus peculiaridades. No van a servir pactos por las alturas, pactos globales entre partidos capaces de imponer su voluntad a toda la organización. Ni siquiera Rajoy puede hacerlo a pesar de disponer de todos los poderes en el PP.

Se va a imponer una geometría variable e inestable dependiendo de las personas, y de la aritmética de los votos. Los casos de Madrid y Barcelona son los más vistosos, pero son singulares y no marcarán tendencia decisiva. En Valencia la lógica será distinta y en Valladolid el pescado está vendido.

Esta es hora de negociadores inteligentes para que lo que salga tenga valor y utilidad. Pero abundan los chiquilicuatres que hoy dicen blanco, mañana negro y ayer rojo; la relación de declaraciones insustanciales, inconsistentes (con la señora Aguirre a la cabeza) causa asombro y preocupación. Si los chiquilicuatres dominan la escena vamos apañados. Con análisis como los que estos días han formulado los “florianos y hernandos” (hay en todos los partidos) el resultado puede ser un desastre.

Rajoy amaneció el lunes con la impresión de que no había que mover nada, que había ganado; el martes no lo veía tan claro; y el miércoles asumió que está pasando algo que le obliga a mover piezas. ¿Cuándo? Pues cuando las aguas amenacen inundación, y tal y como vienen puede ser la próxima semana.