24M, tras el susto el miedo en la derecha

Algunos se han enterado del malestar de un buen número de españoles tras las elecciones del domingo. Pasaron por alto que desde hace varios años los españoles han suscrito papeletas de desahucio primero al PSOE y luego al PP a medida que se asentaba la crisis. Y simultáneamente han surgido nuevos partidos con la pretensión de sustituir a los antiguos. Simplemente con dedicar unos minutos a analizar las encuestas y detectar los cambios de tendencia y de preferencias de los ciudadanos hubieran podido entender sin asombro los resultados del domingo.

Evito cualquier referencia histórica, muy utilizadas estos días con apelación a la historia europea y española de los años veinte y treinta porque carecen del mínimo rigor e indican en quienes las utilizan poco juicio y un análisis deficiente de las nuevas sociedades de este siglo.

Lo que afloró en las urnas el domingo no fue otra cosa que el malestar de muchos españoles y su determinación para que el mapa político español cambie. Los votantes de menos de 45 años, los más perjudicados por la crisis, dieron el vuelco al tablero. Nada insólito, todo previsible a poco que se atendieran las señales.

Por eso las excusas, las explicaciones que salen del gobierno, del PP (también del PSOE, segundo derrotado aunque no se hayan enterado) producen bochorno y ratifican un extravío que puede llevarles a la liquidación. Culpar a la comunicación (que es pésima) y a los medios que no son afines (que son muy pocos porque ningún gobierno tuvo tanta prensa a favor, entregada, como éste) indica que seguirán perdiendo.

Tras el susto por los resultados la base social de la derecha ha entrado de lleno en el miedo, los comentarios sobre lo que van a hacer estos comunistas, revolucionarios... Resucitan viejas épocas. Por ejemplo en el año 1979, las elecciones municipales alumbraron unos ayuntamiento socio-comunistas (Madrid, Barcelona, Valencia, Córdoba….) que gestionaron con más o menos acierto pero sin desastres manifiestos. La lista refleja personajes de todas las tendencias y partidos.

Ahora ha empezado otro partido muy distinto al de la campaña electoral, que fue muy larga. Ahora toca componer mayorías, operación nada fácil, que requiere habilidades y entrenamiento. De momento solo se nota una jaula de grillos, muy poca estrategia consistente y mucho miedo a tomar decisiones equivocadas. El liderazgo brilla por su ausencia en los partidos tradicionales y en los nuevos se nota la inexperiencia y la ambigüedad ingenua.

Y queda la etapa decisiva, la de la gestión, que no va a dar tregua, que será muy exigente, primero porque las arcas están vacías y porque las promesas han sido amplias. Y cuando esta última fase esté en sus primeros pasos, vendrán las elecciones generales cargadas de tensión y de furia. Vienen curvas muy peligrosas.