Empieza el baile de dimisiones... ya era hora

Las elecciones británicas se tradujeron en la inmediata dimisión de los tres jefes de fila que salieron trasquilados, algo tan típico del capitalismo liberal como “quien la hace, la paga”. Aquí, tras las elecciones del domingo, ninguna dimisión inmediata, todo lo contrario, avalancha de simulaciones, excusas, explicaciones trucadas para justificar los fracasos. Pero la fuerza de la gravedad se impone y los jefes de fila que se ven desbancados y con colas de decepcionados reclamando que hay de lo suyo, empiezan a desfilar con la dimisión en la boca.

El más rotundo ha sido el presidente de Castilla León, Juan Vicente Herrera, un personaje discreto, coherente y que debería ser el último en rendir cuentas ya que sus resultados son los mejores, tanto que le permitirían seguir gobernado, prácticamente en solitario. Herrara no quería presentarse, lo hizo por lealtad y diferencia al insistente ruego de Rajoy. Y ahora Herrara considera que ha cumplido y que puede ceder el liderazgo a otro. Desde Valencia llegan también señales de dimisión por parte de Fabra, que puede arrastrar a otros fracasados. Y otro tanto en Andalucía donde el fracasado jefe del PP anuncia cambios internos en los segundos niveles y en las cabeceras provinciales.

Esperanza Aguirre, verso libre desde hace años, discurre por otros derroteros desde la audacia que la caracteriza. Adicta al marxismo de Groucho aplica el principio de si no le gustan mis ideas, no se preocupe tengo otras. Sostener que la lista de Manuela Carmena es antidemocrática, anticonstitucional, son ganas de meterse en problemas y discordias. Aguirre insiste en la confrontación como estrategia política, algo que los ciudadanos rechazan según acreditan las encuestas. La propuesta de Aguirre tiene poco recorrido, su aparente marcha atrás de la Alcaldía para evitar la catástrofe revolucionaria sonará a muchos a impostura, a otra “aguirrada”.

En los otros partidos fracasados tampoco llegan las dimisiones aunque son inevitables. Rosa Díez ya ha anunciado su retirada tras el futuro Congreso de UPyD, que tendrá que considerar seriamente la disolución de una formación que se ha quedado fuera. Y algo parecido para Izquierda Unida, aunque pueda mantener dos millares de concejalías con poco poder. En este caso el fracaso es de los que se van (Cayo Lara) y de los que están viniendo (Alberto Garzón). Pero no es fácil que estos profesionales de la política se vayan con los primeros bocinazos. Otro caso límite es el del candidato socialista a la Alcaldía de Madrid que ha roto el suelo de todos los pronósticos, con pérdida de 160.000 votos respecto al 2011 y respecto a la lista hermana a la comunidad. Carmina ha convertido el 25% de hace cuatro años (que ha logrado Gabilondo) en un 15%. El fracaso más sonoro del PSOE, solo comparable con el del PSC en Barcelona. Pero nadie asume errores y fracasos.

No asumir responsabilidades es una señal de inmadurez, demostración de democracia elemental, de baja intensidad. Dejar pasar tiempo hasta que los congresos de partido pidan cuentas significa ganar tiempo para dar espacio al perdón y a la maniobra. Estas elecciones han dejado claro que los electores están alerta, que no se dejan arrastrar por el miedo y que están decididos a exigir un cambio, renovación de la vida política española. Otra cuestión es que el mensaje lo hayan captado los concernidos, entre ellos Esperanza Aguirre.