Un mapa político inmanejable

El castigo electoral (merecido) a los dos partidos tradicionales de gobierno y la emergencia de una nueva geometría partidaria con cuatro fuerzas que alcanzan los dos dígitos (incluso seis en alguna comunidad o Ayuntamiento) y algunas otras con alguna representación en los parlamentos y en los concejos dibuja un mapa político español que se caracterizará por la volatilidad, la inestabilidad y, quizá la ingobernabilidad. Alianzas nuevas para tiempos diferentes.

La experiencia andaluza advierte que las alianzas van a ser más complicadas de lo que parecía hace pocos meses. En el caso andaluz el temor al efecto de los pactos en estas elecciones ha paralizado las decisiones, pero a partir de junio surgirán otros miedos, el efecto sobre las generales que es la línea de meta del proceso de cambio y la de salida de la renovación. Hasta final de año el mapa va a estar sometida a múltiples incertidumbres, de tal manera que solo cuando se consolide el nuevo gobierno de España no se asentarán losa pactos regionales y locales.

El PP tiene muchas posibilidades de ser la lista más votada en lo que desde el punto de vista fiscal se denomina “territorio común”, que no incluye Cataluña, País Vasco y Navarra. En estas tres comunidades, que suponen el 25% de la población y algo más del PIB, el PP no cuenta, será marginal tras las próximas elecciones. Pero a pesar de ser la lista más votada va a encontrar pocas posibilidades para pactar con otras fuerzas políticas, por la carga que supone la corrupción consentida o insuficientemente rechazada.

Las encuestas advierten que para gobernar Madrid el PP necesitará pactar con Ciudadanos o con los socialistas, hipótesis ambas muy improbables. Si Rivera no pacta con Susana Díaz en Andalucía ¿cómo va a hacerlo en Madrid con Esperanza Aguirre? Y, con menos intensidad, el caso es replicable en las comunidades y en los principales ayuntamientos.

La otra opción, pactos con el PSOE, que en unos casos será segunda, tercera o cuarta fuerza, bien con el resto de la izquierda o con partidos a su derecha (Ciudadanos o el propio PP) tampoco será fácil de alcanzar por razones personales, coyunturales o accidentales. De manera que es muy probable que haya que repetir algunas de las elecciones del domingo para llegar a una geometría más viable.

La cultura del pacto está oxidada, ni siquiera los que comparten objetivos (CiU y ERC) son capaces de alcanzar acuerdos consistentes. Los pactos de la transición fueron resultado de la necesidad y de la inteligencia; ahora ni una ni otra ocupan el primer plano. No abunda la inteligencia ni se percibe la necesidad, basta con estar presentes con aspiraciones.

En las democracias europeas hay bastantes casos de inestabilidad, de gobiernos provisionales, inestables y de elecciones repetidas hasta alcanzar nuevos equilibrios que propicien la gobernabilidad. Empieza un tiempo nuevo que buscará otro reparto de poder y de equilibrios, que puede conocer la muerte de los viejos partidos y la aparición de otros, parecidos, pero con muchos matices. El baile ya empezó en marzo en Andalucía y el domingo subirá la tensión uno cuantos grados.