¿Soportará el PP el efecto Rato?

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La entrada de la policía en el domicilio de Rodrigo Rato para buscar papeles incriminatorios supone pasar alguna de las líneas de no retorno; aun no se sabe ni por qué es investigado Rato, ni cuantos personajes le acompañarán en las previsibles imputaciones y acusaciones, pero por el humo y el ruido es obvio que estamos ante un asunto que traspasa los límites del incidente imprevisto. La acumulación de problemas en torno a la cúpula del PP puede llegar a ser insoportable, sobre todo para sus votantes leales. Y por el agujero de los votantes puede implosionar el partido. La señal recibida en las elecciones andaluzas ha sido potente, se han desangrado a pesar de que el partido más desgatado y acosado por escándalos locales es el PSOE.

Las encuestas acreditan que los ajustes de 2012 mermaron las expectativas electorales del PP del 44% de noviembre de 2011 al entorno del 33% a principios del 2014. Merma de diez puntos atribuibles al desgate de la política económica, que podía interpretarse como razonable y reversible, al menos parcialmente, con una recuperación económica y con la mejoría de los datos de empleo. Pero a lo largo de los últimos doce meses el PP ha perdido otros diez puntos, que hay que atribuir a la acumulación de casos de corrupción que datan de varios años atrás, y a la pésima gestión de estos problemas por parte de los dirigentes del Partido, tanto en Moncloa (Gobierno) como desde Génova (/Partido).

Rato tiene suspendida su militancia desde que el caso Bankia entró en vía judicial, pero eso no borra que ha sido uno de los dirigentes más sobresalientes del PP, entre los más queridos y apoyados por cuadros y bases. El argumento de que “no es de los nuestros” que algún dirigente del PP ha querido utilizar durante las últimas horas puede ser perfectamente inútil, no será de los suyos, pero es uno de los más antiguos y con más méritos y trayectoria.

La gestión del caso por parte de los dos ministros que se han pronunciado en público, Hacienda y Justicia, no puede ser más desafortunada y revela el monumental despiste en el que moran. Para superar el tsunami de las irregularidades el PP tendría que abordar una regeneración y renovación a fondo, pero no parece que haya la menor posibilidad de que vaya a ocurrir, no antes de que unas elecciones produzcan la catarsis de la derrota.

Es curioso que tanto el caso Rato como el caso Pujol tengan en su punto de partida familiar y prehistórico (años cincuenta) casos de delitos monetarios con fuga de capitales. También es llamativo que los acontecimientos de estas últimas horas, con actuaciones aceleradas de la justicia, tengan un correlato con el caso Mariano Rubio y su encarcelamiento por fraude fiscal en un momento crítico para el gobierno de Felipe González.

Ya para dar calor y color las grabaciones de Javier de la Rosa y el joven Nicolás que no dejan títere con cabeza y colocan en la picota a todos cuantos aparecen mencionados. Estos van a ser tiempos para el espectáculo, de ajustes de cuentas y de catarsis. La campaña electoral a Podemos y a Ciudadanos no se la hacen las televisiones inconformistas, sino sus adversarios; los nuevos partidos solo necesitan paciencia, esperar que caigan las frutas maduras por la indignación ciudadana.

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