Tiempo amargo para Rosa Díez y UPyD

Rosa Díez se ha enrocado en la cabeza del partido que fundó hace ya más de siete años determinada a seguir a pesar del fracaso en las elecciones andaluzas y de los pésimos barruntos de las encuestas que amenazan su extrañamiento de las instituciones, por una intención de voto decreciente en torno al 3%, que suele ser la barrera mínima para entrar en el reparto de escaños. Una parte del partido, incluidos algunos diputados, reclaman cambio que incluye el relevo de la líder-portavoz-fundadora. Una tendencia que empezó hace meses en el grupo parlamentario europeo que se fragmentó nada más empezar el debate.

El espacio de UPyD, alternativo para los votantes fronterizos de PP y PSOE e incluso para algunos otros desengañados y cabreados, lo está ocupando Ciudadanos, otra formación de semejante cuño al de UPyD pero con un perfil más innovador y atractivo representado por su líder, Albert Rivera, quizá el más emergente del panorama político nacional. Rosa Díez no quiso dar ninguna oportunidad a la integración de ambas formaciones cuando UPyD podía aspirar, al menos, a la paridad. Ahora la marca UPyD vale bastante menos y Ciudadanos puede aspirar al trasvase de personas sin tener en cuenta los demás activos (marca, estructura...) que ahora valen poco, que incluso pueden ser más una carga que un añadido.

Para Rosa Díez y quienes mantengan fidelidad a su persona y trayectoria, llegan horas amargas y complejas. En UPyD hay 64 personas en nómina directa y otras tantas asignadas desde las instituciones para el apoyo a su grupo parlamentario o a los de otros ámbitos del estado (Autonomías como la asturiana y ayuntamientos, con Madrid a la cabeza. Más de cien nóminas, carreras políticas en curso, un presupuesto anual de 4,5 millones de euros que hasta ahora se ha cumplido sin deudas ni déficit y organizaciones territoriales con sedes en una veintena de localidades y los compromisos que supone.

La financiación de UPyD proviene una cuarta parte de cuotas y aportaciones y el resto, más del 70%, subvenciones vinculadas a resultados y presencia institucional. Ambas fuentes pueden verse seriamente limitadas a lo largo del año, amenazando la estabilidad y futuro del partido. Las próximas elecciones de mayo pueden dejar agotada la fortaleza financiera y la emocional del partido de Rosa Díez, incluso con un problema para abordar su liquidación, compleja operación para este tipo de organizaciones sometidas al rigor de la exposición a los medios y a la opinión pública.

Rosa Díez tiene una decisión crítica, asumir el coste y desgaste de las elecciones en mayo que pueden ser agonía y muerte o trasladar a la base de los seis mil militantes (hoy quizá menos, aunque más que mañana) la decisión de una renovación radical, o asumir que este es otro tiempo que les niega las oportunidades. El editorial de El Mundo, el medio que más ha apoyado a UPyD, que incluso recomendó el voto a esa sigla, les advierte que la fusión con Ciudadanos es su último tren al futuro y que el Consejo Político de UPyD (150 miembros) del próximo sábado tiene que tomar la decisión de subirse al tren o quedar en tierra. A lo largo de sus siete años de vida UPyD ha cumplido una función en la política, pero no ha conseguido despegar y acreditar un desempeño efectivo.