Susana Díaz sumó todos los puntos

Repetir 47 escaños ha sonado a música celestial a los socialistas, una dulcísima victoria parafraseando a Felipe González cuando valoró su fracaso de 1996. Susana Díaz ha logrado el peor resultado de su partido en Andalucía desde que las primeras elecciones autonómicas en 1982, pero ha superado las estimaciones de todas las encuestas e incluso puede sostener que el PSOE ha tocado suelo y los electores podrían empezar a perdonar sus pecados, especialmente la mala gestión de la crisis y los escándalos de corrupción. Para confirmar y desmentir la hipótesis habrá que esperar 60 días, los que faltan para las municipales y autonómicas que colocarán a todos los partidos, viejos y nuevos, en el sitio que quieran los electores.

Los resultados andaluces se aproximan bastante a las estimaciones de las encuestas de marzo, que detectaron la emergencia de los nuevos: Podemos y Ciudadanos, y el severo retroceso de PP e IU. Los ajustes han sido menores de los previstos, los tres partidos tradicionales suman algo más de dos tercios de los votos, y dejan el tercio final a Podemos y Ciudadanos, los primeros por debajo de sus expectativas y los segundos por encima.
Los socialistas consiguieron rentabilizar su primer puesto obteniendo los mejores restos del modelo “proporcional corregido” que rige el sistema electoral español desde 1977: con el 36% de los votos obtienen el 43% de los escaños, una prima de siete puntos que se traduce en otros tantos escaños. Para los socialistas fueron los últimos escaños asignados en seis provincias (el último de Córdoba fue para el PP y el de Sevilla para Ciudadanos). La prima al vencedor le ha ido bien a Susana Díaz, como le fue excelente a Rajoy en las últimas generales cuando consiguió los mejores restos que le dieron más de cuarenta escaños y la mayoría absoluta. El mapa que dibujan las encuestas para las generales limita esa prima al vencedor, especialmente en la veintena de provincias de tres, cuatro o cinco escaños, que repartirán escaños con la tercera e incluso la cuarta fuerza política.

Susana Díaz tiene que probarse en otra asignatura decisiva, adicional al liderazgo electoral, la capacidad para gobernar en minoría, que requiere diálogo, pacto, compromiso, muchas explicaciones y prudencia para evitar esos tropiezos que provocan crisis insuperables. La primera prueba será lograr pasar la investidura con votos suficientes para formar gobierno con el apoyo o la abstención de algunos de los grupos. Si sale bien de la prueba será su segunda victoria.

A favor tiene una oposición dividida en dos bloques poco compatibles: PP y Podemos, que sumando sus votos y la abstención de los otros dos pequeños podrían censurar a los socialistas. Un escenario muy improbable, casi imposible. En cualquier caso en Andalucía empieza una aventura política sometida a volatilidad y azar, que requerirá concentración y dedicación y que aparta por unos años a Susana Díaz de la aventura nacional.

A Pedro Sánchez le corresponderá asumir el riesgo de las elecciones de mayo y, finalmente de las generales a fin de año. Con un resultado razonable en mayo es improbable que los socialistas conviertan las primarias de julio en una carrera agotadora y destructiva. Susana Díaz consiguió sumar todos los puntos y, de paso, añadir alguno a Sánchez.