La renovación educativa viene de abajo

Durante los últimos años el debate educativo oficial ha girado en torno a la religión como asignatura, la educación para la ciudanía y ahora la ecuación del 3+2 frente al 4+1; todo ello bastante decepcionante e inútil; debates seudoideológicos que no dejan otra huella que el aplazamiento de lo importante. Y la educación se instala como problema crónico de la sociedad española que no consigue desde hace siglo alcanzar los niveles de alfabetización y formación en habilidades de las sociedades vecinas y competidoras.

Por eso las iniciativas que vienen de la base de padres responsables e inquietos y, sobre todo, de profesores y comunidades educativas sensibles, concernidas con la innovación y el avance tienen singular valor y merecen ser tenidas en cuenta para su puesta en valor.

José Antonio Marina, profesor, filósofo y agitador social, sostiene que en cinco años se puede dar el salto de un sistema educativo mediocre en primaria y secundaria a otro que aspira y consigue la excelencia. No es solo cuestión de recurso, bastaría con los presupuestos previos a la crisis, antes de los recientes recortes, pero se requiere movilización de la comunidad educativa: formar más, mejor y continuadamente a los profesores; implementar sistemas de evaluación, otorgar más autonomía y responsabilidad a los centros y a los directores; organizar los incentivos para cuantos alcancen los objetivos... En resumen nada milagroso ni mágica, simplemente dedicación, debate y procedimiento.

Seguramente hay que cambiar los métodos pedagógicos, los materiales escolares, la organización, introducir más cooperación entre profesores y también con las familias; orear el sistema, debatir, experimentar, y aprender de la prueba y el error.

Los jesuitas catalanes que gestionan varios colegios y algunos miles de alumnos han decidido innovar en algunas de sus escuelas, superando los rituales de exámenes, temarios, utilizando el debate, las experiencias, programas y objetivos trasversales, trabajo en equipo de alumnos y de profesores, versatilidad en horarios y otros espacios no convencionales para las aulas.

En resumen una circulación por un camino que nada tiene que ver con las leyes educativas que fijan currículo detallado y obligatorio por asignaturas y calificaciones numéricas regulares, sin meritar la creatividad, la iniciativa, el aprendizaje para aprender, el sentido crítico... La renovación viene de la base, de los que viven la educación como vocación y asumen el riesgo del cambio. ¿Por qué no hablan de esto los candidatos que concurren a las elecciones? Quizá no les ha llegado la onda, y siguen ofuscados en la descalificación del contrario para arañar votos.