Manual del Papa para sobrevivir

Sostienen algunos que elegir como Papa en Roma a un jesuita, argentino y algo peronista es como comprar muchas papeletas para una catástrofe. Pero los anteriores jefes de la Iglesia católica, con muy distinto perfil, no rectificaron una trayectoria descendente y el colegio de cardenales tuvo claro desde antes de entrar en cónclave (aunque los avezados analistas vaticanos no las olieron) que el cardenal de Buenos Aires era la persona adecuada para gobernar la Iglesia. Es evidente que el elegido tomó los mandos del Vaticano desde el primer minuto, desde que se vistió para salir al balcón, y luego inició un decidido camino a la renovación que materializa a un ritmo novedoso en los habituales tiempos de una institución que acumula dos milenios de experiencia.

A través de las homilías en su misa matutina en Santa Marta el Papa Francisco ha ido concretando los valores que quiere poner en primer plano y que suponen cambios profundos en el Vaticano y en buena parte de la jerarquía eclesiástica del mundo. Ayer Francisco recibió a la curia para felicitar la Navidad y aprovechó la ocasión para dibujar el manual de supervivencia, una especia de guía para estar alineado con lo que jefe quiere. Las recomendaciones son obvias, conocidas, y por eso más valiosas, especialmente porque sirve para el Vaticano, para la Iglesia en general y para buena parte de las instituciones civiles y políticas que quieren ser decentes, o al menos que lo sean quienes las dirigen.

Buena parte de los mandamientos de Francisco son conocidos, se ha referido a ellos en otras ocasiones, pero todos juntos en una lista de quince componen un manual completito y competitivo de buen gobierno. El aragonés Baltasar Gracián, también jesuita, cuya obra conoce Francisco, estaría muy conforme.

El Papa previene de la tentación de acumular dinero y poder, así como del exhibicionismo y el sentimiento de superioridad. Para evitar semejantes males pide examen de conciencia, autocrítica y pedir perdón al Señor. Amén. Quien no intenta mejorarse es una persona enferma, dice Francisco y previene contra quienes se sienten inmortales, imprescindibles o inmunes de manera que modestia y más modestia. Para a renglón seguido rechazar a los narcisistas que se sienten elegidos.

Tras la modestia el Papa tomó el hilo de la ejemplaridad, criticó la doble vida (esquizofrenia existencial) por lo que tiene de hipocresía y de vacío espiritual. Unos cuantos obispos pueden darse por aludidos. Y por esa senda advirtió contra el exhibicionismo de riquezas y el afán de ganar más poder. Quizá al fondo veía esos príncipes de la iglesia que quieren ser estados y legislar la conciencia de todo el mundo.

Y retomó el hilo del chismorreo al que ya se había referido en otras ocasiones. “enfermedad de personas que quieren acumular poder y son capaces de calumniar, difamar, y desacreditar a los demás…la enfermedad de los chismes se adueña de la persona haciendo que siembre cizaña, homicida a sangre fría de colegas y hermanos. ¡Cuidemos del terrorismo de los chismes! Para el discurso político habitual la denuncia es radical, sin chismes ¿en que se quedan muchas declaraciones políticas?

Curioso personaje este Bergoglio, habla claro, se le entiende y acusa duro; no son pocos los que dicen que no se ajuste a su papel, que va por otra acera, pero quizá sea la nueva acera de la verdad de la parresía a la que se refirió hace pocos días entendida como la práctica de la verdad desnuda. Parresía, una nueva palabra y concepto que puede dar juego.

Confesamos humildemente que esta dicharachera Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía y gobernanta del PSOE por ciencia infusa, en un primer momento nos llamó la atención por su ímpetu patriótico y aparente desparpajo político. Pero, a medida que pasa el tiempo y que va enseñando sus cartas y sus ambiciones, la tal Susana viene a ser más de lo mismo, una funcionaria partitocrática que habla de España y del interés general y solo va a lo suyo.