Rajoy pasó por Barcelona… ¿y qué?

Estaba anunciada la visita de Mariano Rajoy a Barcelona como si de un acontecimiento se tratara, la respuesta a la gran recogida de firmas del 9N y a la estrategia dibujada por el astuto Artur Mas pocos días después con el horizonte de la declaración unilateral de independencia en 18 meses, al margen de cualquier limitación u obstáculo que no sea el propio designio.

Efectivamente el presidente Rajoy llegó a Barcelona el domingo, saludó, hizo su discurso y volvió a su palacio madrileño. Quien visitó Barcelona fue el presidente del Partido Popular (entre la cuarta y sexta fuerza política en Cataluña, según encuestas) que disminuye expectativas electorales en esa comunidad por semanas. El Presidente, del PP, fue a animar a los suyos, acompañado de varios ministros y de dirigentes populares del resto de España. Es cierto que a unció que quiere representar a los catalanes que no son independentistas (que son muchos) pero nada sobre cómo, cuándo, dónde, con qué argumentación… La visita no ha dejado más rastro que la muesca casi obligatoria, de oficio, en los noticiarios, y reseñas en los diarios que apenas aguantaron unas horas.

Una visita para un discurso más partidista que de Estado. Sin argumentos adicionales a los ya conocidos. Es posible que la estrategia cerrada y unívoca de Rajoy, no abrir puertas a la negociación con el Gobierno de la Generalitat mientras no decaiga el objetivo de sobrepasar la Constitución, sea la correcta, la inevitable. Pero del talento político cabe esperar capacidad para alterar la realidad, para dar la vuelta al tablero e introducir nuevas variables para buscar salidas al complicado laberinto.

López Burniol, notario con recorrido y fuste, articulista desde hace décadas, escribió a mediados de 2013 un artículo sobre Rajoy con el título “un marmolillo” (*), y la explicación “marmolillo es ese toro aplomado y sin fuerza, con querencia a quedarse en cualquier terreno, que recula y gazapea, pero que puede llegar a embestir de forma imprevista, bronca y destemplada, con riesgo cierto para el diestro”. Para interesados añado el enlace para la lectura del artículo.

Lo traigo ahora a colación porque el mismo López Burniol escribió el sábado en La Vanguardia otra pieza llamativa titulada “un presidente inane”, situada en 1935/36 y referida al presidente de turno del gobierno español, Portela Valladares, que abrió la puerta a la guerra civil. Evito detalles pero recurro a López Burniol: “¿Quién era Portela? Gallego de Fonsagrada, cursó derecho en Santiago e ingresó en el cuerpo de registradores de la propiedad… Azaña dijo de él: “escurridizo, vago, suave, desvariante… y Pabón “Portela parecía moverse por encima o por debajo de la realidad española, en un mundo de sueños”.

Nada dice el artículo sobre Rajoy, ni sobre la actual circunstancia española, aunque quizá si quiere sugerir algo. Dejo las conclusiones a cada cual. El concepto de inane es interesante, el diccionario dice que es algo “vano, fútil inútil”. Y aunque la política española es evidente que está animada, que vive una fase pinturera, también merece el calificativo de inane.

http://www.caffereggio.net/2013/07/27/un-marmolillo-de-juan-jose-lopez-burniol-en-la-vanguardia/